En la encíclica Dilexit nos el Papa Francisco nos presenta el amor humano y divino de Cristo. A primera vista nos podría parecer que se trataría de un tema de devoción popular sin mayores implicaciones. Sin embargo, este documento tiene como objetivo que los bautizados logremos superar el “divorcio entre fe y la vida diaria” que describió el Concilio Vaticano II en la Gaudium et spes (GS 43) y varios pontífices, entre ellos Francisco en la Evangelii gaudium (EG 83, 93-97). Esta separación podemos comprenderla como un estilo de vida, entendido como modo de habitar el mundo[1], donde se afirma la fe cristiana, pero las opciones, los modos de relacionarse con los demás, la orientación que se ofrece a la tecnología y sus usos, los proyectos personales y sociales, no reflejan ser orientados por la ética cristiana y por los valores del Evangelio.
Unos estilos de vida que no llenan de alegría el corazón
El Papa menciona algunos rasgos de unos estilos de vida que bautizados han asumido, pero que no son iluminados por Cristo y por eso no satisfacen el corazón humano. Entre esos rasgos Francisco nombra en Dilexit nos (DN 17 y 84) el individualismo, el narcicismo, la autorreferencialidad, la obsesión por el tiempo libre, el consumo sin control y el uso enajenante de las redes sociales. Existen también estilos como modos de proceder social que dificultan la solidaridad y nos han dejado un mundo en ruinas caracterizado por la “alienación social”, guerras, desequilibrios socioeconómicos o un uso antihumano de la tecnología (DN 31, 182-183).
El Obispo de Roma no se detiene en lo extra eclesial. Manifiesta formas intraeclesiales inadecuadas y alienantes que contradicen el estilo de vida de Cristo en los evangelios. Entre esos modos de vivir se menciona la búsqueda de “cultos fastuosos”, la defensa de estructuras pastorales caducas, grupos obsesionados con el pasado y unas reformas estructurales vacías (DN 205 y 219). Detrás de esos estilos intraeclesiales subyace un tipo de espiritualidad que busca “un simple sentimiento religioso” vivido como refugio intimista y sin incidencia fraternal y solidaria en el mundo (DN 205) y una espiritualidad centrada en el mérito propio, en el esfuerzo humano, en una ética de cumplimiento (DN 139).
La espiritualidad que vivamos conforma unos estilos de vida mediante los modos de valoración que los incitan y que se estabilizan en hábitos personales, eclesiales y sociales. Por eso podemos reformular una expresión muy conocida del siguiente modo: “dime que espiritualidad vives y te diré de qué modo valoras las cosas y cuál estilo de vida vivirás”. He ahí la importancia de una espiritualidad conformada por el modo de amar de Cristo.
La base de los estilos de vida: un régimen de valoración inspirador y orientador.
Michel Foucault elaboró el concepto de “régimen de verdad” para describir cómo el liberalismo impone los principios o normas de la libertad del mercado[2]. Inspirándonos en esa idea en un artículo titulado “El instrumentalismo tecnológico capitalista: como régimen de valoración que orienta la tecnología” (p. 26) [3] llamamos “régimen de valoración” a “un paradigma como modo de ver la vida que propone o impone una manera de valorar las realidades y los actos humanos y desde ahí influencia los modos de relación personal y social, los modos de producción y de desarrollo tecnológico”. Nosotros cultivando predisposiciones para apreciar o “degustar” los valores[4]. También cultivamos el disgusto ante los antivalores. Ese proceso de aprendisaje de valoración se logra estando inmersos en procesos educativos que no solo son de ideas, también son de afectos y de juicios de valor. Los procedimientos formativos junto a sus entornos socioculturales son regímenes de valoración del cual forman parte los procesos familiares, la educación formal e informal, las redes sociales, el cine, la industria del entretenimiento, los sistemas de mercadeo, la promoción y propaganda de grupos de interés, los partidos políticos, los grupos ideológicos, etc. Las religiones forman parte de los diversos regímenes de valoración por medio de la formación de sus miembros, pero sobre todo por la espiritualidades que promueven. Los régimenes de valoración proponen y presentan valores que deben primar en nuestros juicios, nuestras decisiones, nuestros proyectos personales, institucionales y sociales. Estos regímenes se estabilizan por medio de estilos de vidas, por medio de hábitos y de estructuras sociales que a su vez perpetúa un modo de estimar y dan primacía a valores por encima de otros.
En este preciso momento estamos frente a un régimen de valoración que considera al migrante, no como un ser humano con valor intrínseco, sino como un problema, un contravalor o simplemente se reduce a un medio para la manipulación política. Otro rasgo de ese régimen que lleva décadas estabilizándose a nivel mundial es la primacía de la eficiencia en la construcción de un capital financiero reduciendo a los obreros a mera pieza de una estructura económica. Este régimen de valoración busca realizar unas propuestas axiológicas en proyectos institucionales, políticos, económicos y sociales. Cuando un régimen de valoración de este tipo se estabiliza en estructuras de pecado acaba emergiendo un “sistema degradante”, una alienación social que considera “normal y racional lo que no es más que egoísmo e indiferencia” (DN 183, 218).
Dilexis nos: una propuesta de espiritualidad y de régimen de valoración cuyo centro es el corazón de Cristo
El Papa Francisco propone en sus documentos un régimen de valoración caracterizado por los valores de la fraternidad, el reconocimiento de la dignidad del otro y el cuido de la casa común (DN 217). De esa manera de valorar emerge el estilo de la ternura de la fe, la alegría de la entrega al servicio, el fervor de la misión, y la gratitud por la amistad de Cristo (DN 88). El fundamento inspirador de este estilo y de ese modo de valoración es el amor y los sentimientos del Señor (Flp 2, 5) expresados en el símbolo del Corazón de Cristo.
La salida de los regímenes de valoración dominantes es una conversión personal y eclesial que no tiene como origen una mera “obediencia ciega” a una norma moral (DN 177). El Papa, siguiendo a San Bernardo, comprende dicha conversión como una respuesta a la experiencia del amor incondicional de Cristo (DN 177). Esa experiencia del amor y mansedumbre del Corazón de Cristo debería ser el centro de la pedagogía eclesial (DN 180). “Sentir y gustar”, en palabras de San Ignacio de Loyola, el estilo de valoración de Cristo se convierte en una conversión que transforma nuestros corazones egoístas, nuestros juicios de valor, lleva al amor del otro, a reconocerle su dignidad y nos aleja del solipsismo (DN 167-170). La contemplación del modo de valoración de Cristo nos impele a buscar la transformación de las estructuras y a la conversión eclesial.
La misión de la Iglesia como evangelización de los regímenes de valoración
La espiritualidad que brota del amor de Cristo tiene una dimensión misionera (DN 205-206). La tarea de la evangelización no es ni proselitismo ni una “promoción social vacía” (DN 205 y 210). La misión es precisamente irradiar el corazón amante Cristo (DN 175 y 201) que engendra un nuevo sistema de valoración que se estabiliza en el carácter moral de los sujetos y en estructuras sociales inspiradas en valores y principios como son la dignidad de todos –particularmente la de los que están en situaciones de vulnerabilidad– el bien común, la justicia, el desarrollo humano integral, el cuido de los ecosistemas, entre otros.
El Papa nos propone una nueva manera vivir la espiritualidad del Sagrado Corazón de Cristo que nos impele a cooperar con Dios para que su amor se difunda en la Iglesia y en el mundo, sanando nuestras heridas y transformando las estructuras de pecado. Esa espiritualidad es capaz de llevarnos a encontrar al mismo Cristo en el pobre, en el migrante y en todos los descartados por los regímenes de valoración alienados y alienantes (DN 213).
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[0] Full author name, Luis O. Jimenez-Rodriguez S.J.
[1] Jiménez Rodríguez, Luis O. “El concepto teológico de “estilo” como clave de lectura de la Laudato Si’ y la Gaudete et exsultate: una manera de encontrar a Dios en la acción transformadora del mundo”, Revista Theologica Xaveriana, Vol. 70, Enero 2020, 4-6.
[2] Foucault, Michel. El nacimiento de la biopolítica. México: Fondo de Cultura Económica, 2007, 39-41.
[3] Jiménez Rodríguez, Luis O. “El instrumentalismo tecnológico capitalista: como régimen de valoración que orienta la tecnología”, en María Isabel Gil y Diego Álvarez Newman, Transiciones justas: Entre el encuentro y el diálogo social, Boletín de Grupo de Trabajo, CLACSO, 26.
[4] Cortina, A. (coord.). La educación y los valores. Bogotá: Madrid: Biblioteca Nueva, 2009, 25. Cortina, A. El mundo de los valores. Ética mínima y educación. Bogotá: El búho, 2009, 26.