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Política y Amor al Prójimo: las Elecciones y Fratelli Tutti

Voté.

Voté en las elecciones presidenciales de EEUU, que culminan el 3 de noviembre.

Votaron también en Bolivia el 18 de octubre, derrotando el presunto golpe de estado de derecha, reestableciendo el partido izquierdista, MAS.

Y cuando se haya publicado esta reflexión se habrán llevado a cabo el plebiscito en Chile, elecciones en Ucrania y Lituania, y elecciones generales prontamente en Myanmar, municipales en Brasil, y presidenciales en la Costa de Marfil.

Este proyecto frágil y vulnerable al que llamamos democracia se presenta un poco más frágil y más vulnerable en estos tiempos de pandemia. Al espectro de largas filas para ejercer el voto (controladas para mantener distanciamiento y evitar el contagio del Covid-19) se le suman tensiones y tendencias diseñadas para distanciarnos y enajenarnos de ser partícipes de esta labor fundamental de la comunidad humana. En mi contexto de los EEUU y Puerto Rico la pandemia ha resaltado viejas grietas sociales y políticas. Cierto que la presidencia de Donald Trump ha estado marcada por actitudes vociferantes que expresan desdén por la diversidad, por una visión amplia y abarcadora del bien común, y hacia el extranjero. Domina el “yoísmo” absoluto, la ausencia de conciencia histórica (sobre injusticias raciales, violencia de género y feminicidio rampante, abusos políticos, inequidad, militarismo desbocado), y una alianza demoniaca con las religiones de extrema derecha. Es de esperarse que veamos este período de campaña electoral y elecciones como estresante y divisorio.

En este contorno llega el 3 de octubre la encíclica Fratelli Tutti, sobre la fraternidad y la amistad social. Esta carta de amor a la solidaridad humana expresada por medio del acercamiento a la y el prójimo, representado por el acercamiento del Buen Samaritano a la víctima en la calle, también pide que participemos en la política como parte de una praxis de amar al prójimo:

Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad. Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otro para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en “el campo de la más amplia caridad, la caridad política.” (FT 180, citando a Pío XI)

A exactamente un mes de las elecciones presidenciales en EEUU, Fratelli Tutti enfrenta directamente las rupturas sociales, culturales y políticas que han marcado la temporada de elecciones a nivel global, pero en especial en esta nación. La encíclica rechaza contundentemente el aislamiento ideológico que exige una ortodoxia política cruel y deshumanizante. Precisamente, Francisco recrimina “el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos… En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación.” (FT 15) El pontífice reconoce que en muchas ocasiones algunas iglesias y líderes religiosos participan y hasta fomentan esta manera de interactuar (46), donde es más importante sentirse en lo correcto que prestarle amor al prójimo. Inevitablemente estas posturas de guerras ideológicas corrompen el bien común, lo limitan, lo destruyen, dejando a su paso un sin número de víctimas.

Estas dinámicas han imposibilitado las conversaciones en el ámbito público entre los católicos y entre los cristianos de otras tradiciones. Dejamos de aportar aquello que nos distingue – una visión de cómo construir la democracia de manera solidaria y desde los pobres. En Fratelli Tutti Francisco nos urge a mirar la acción del cristiano en el ámbito político como un elemento corrector a la indiferencia y la avaricia de tantos proyectos dominados por la eficacia, inmediatez, y el “marketing”. (15) Apoyándose en la fórmula del Buen Samaritano, Francisco nos pide siempre dar el primer paso hacia la y el dolido y victimizado. Construir una visión del bien común desde esa perspectiva y postura requiere repensar estructuras económicas, desmantelar prácticas de violencia activa, como lo son la pena de muerte y la guerra moderna, proteger la diversidad étnica, cultural y religiosa como elemental para el desarrollo del bien común, y establecer canales de colaboración con las organizaciones no gubernamentales y los movimientos populares para asegurarnos que todas y todos puedan acceder lo más esencial del bien común – trabajo, tierra y techo.

Este nuevo tomo de la doctrina social de la iglesia ha resultado sumamente incómodo para la iglesia en los EEUU, tanto para los laicos acostumbrados a que el obispado nos dirija en la manera de votar y elegir nuestros líderes políticos, como para miembros del clero y el obispado centrados en una postura política absolutista. Requiere un espíritu humilde y abierto al dolor del prójimo y como responder al mismo dentro y fuera de los canales de la democracia y la construcción del bien común. Muchos estamos extremadamente necesitados de una formación pastoral y espiritual como la que sugiere Fratelli Tutti. Y creo que un número de eticistas y pensadores públicos católicos están forjando este camino donde antes sólo había unos pocos.[i]

Recuerdo las elecciones en EEUU en el 2008. Las esperanzas de tantas y tantos caían sobre la posibilidad de elegir el primer presidente Afro-Americano. Dentro de toda la euforia por la posible presidencia de Barack Obama, me centré en reflexionar sobre la mañana después. Sabía que esa mañana las personas sin hogar amanecerían aún sin hogar, los niños y las niñas con escuelas dilapidadas y destrozadas permanecerían con una educación inferior e inefectiva, las familias bajo el nivel de pobreza luchando por salir adelante cada día seguirían haciéndolo, las políticas militaristas hacia el exterior continuarían destrozando vidas y pueblos lejos y ajenos a nuestros quehaceres. En otras palabras, la mañana después de unas elecciones, aún las más contundentes de nuestra historia se destacan por aquello que no cambia – la situación de las y los más marginados y empobrecidos – y que más nos llama a ser partícipes plenos de movimientos sociales, culturales, y políticos de transformación, dónde podamos darle rienda suelta a la praxis de amor al prójimo.

Ejercemos nuestro voto. Sí.

Declaramos la violencia patente de los regímenes alienados del dolor causado por su indiferencia y avaricia. Definitivamente.

Pero lo más importante es que siempre vendrá una mañana después. En ese madrugar luego de las elecciones continuamos amando a aquella y aquel que sufre, a la crucificada y al crucificado, a la y el que amaneció igual que la mañana anterior, desplegando por ellas y ellos una hermandad sin fronteras ni muros.

[i] En esta área véase, por ejemplo, el trabajo de Sam Rocha; Gerald Beyer; Anthea Butler; Rebecca Bratten Weiss; Olga Segura. Rocha y Bratten Weiss se distinguen por ser voces entrenadas en el ámbito de la iglesia en EEUU más conservador y conectado con un patriotismo cristiano tergiversado. Sus escritos demuestran ese proceso difícil de descubrimiento de la voz crítica, forjada por el dolor propio y atención al dolor del prójimo, y por el liderazgo del Papa Francisco. Butler y Segura so ejemplos de las voces católicas Afro-Americanas que han estado presente en los últimos 20 años o más, pero que sólo se les comienza  reconocer públicamente recientemente.

 

 

Politics and Love of Neighbor: the Elections and Fratelli Tutti

I voted.

I voted in the presidential elections in the U.S. that will culminate on November 3.

Bolivians also voted on October 18, putting an end to the right wing coup from last year, reestablishing the leftist party, MAS.

And by the time this reflection is published there will have been a plebiscite in Chile, elections in Ukraine and Lithuania, impending general elections in Myanmar, municipal elections in Brazil, and presidential elections in Ivory Coast.

This fragile and vulnerable Project we call democracy seems much more fragile and vulnerable during these times of a global pandemic. To the spectre of long lines for voting (controlled for social distancing) we add tensions and trends designed to distance and alienate us from participating in this fundamental labor of the human community. In my context of the U.S. and Puerto Rico the pandemic has highlighted old social and political fissures. It’s true that the presidency of Donald Trump has been characterized by vociferous voices declaring disdain for diversity, an ample and inclusive vision of the common good, and the foreigner. An absolute “meism”, the absence of historical consciousness (about racial injustice, gender violence and rampant feminicide, political abuses, inequality, and unrestrained militarism), and a demonic alliance with radical right-wing religion. It’s to be expected that this election season has felt stressful and divisive.

Fratelli Tutti, Pope Francis’ encyclical about friendship and fraternity arrived in this context on October 3. This love letter to human solidarity expressed through approach toward the neighbor, represented in the approach of the Good Samaritan toward the victim on the road, also asks that we participate in the political process as part of that love of neighbor:

Recognizing that all people are our brothers and sisters, and seeking forms of social friendship that include everyone, is not merely utopian. It demands a decisive commitment to devising effective means to this end. Any effort along these lines becomes a noble exercise of charity. For whereas individuals can help others in need, when they join together in initiating social processes of fraternity and justice for all, they enter the “field of charity at its most vast, namely political charity.” (180, citando a Pío XI)

Just one month before the presidential elections in the U.S., Fratelli Tutti directly confronts social, cultural, and political ruptures that have marked the election season at a global level, but especially in this country. The encyclical resoundingly rejects the ideological isolation that demands a cruel and dehumanizing political orthodoxy. Francis reproaches the “strategy of ridicule, suspicion and relentless criticism, in a variety of ways one denies the right of others to exist or to have an opinion. Their share of the truth and their values are rejected and, as a result, the life of society is impoverished and subjected to the hubris of the powerful… In this craven exchange of charges and counter-charges, debate degenerates into a permanent state of disagreement and confrontation.” (15) The pontiff recognizes that on many occasions churches and religious leaders have participated and even fanned this way of acting (46), where it’s more important to be right than to love the neighbor. Inevitably, this posture of ideological wars corrupt, limit, and destroy the common good, leaving in its wake a host of victims.

These dynamics have made conversations in the public square among Catholics and other Christians nearly impossible. In this way we are prevented from contributing that which distinguishes us – a vision of how to build democracy in a solidary way from the perspective of the poor. In Fratelli Tutti Francis urges us to look at the action of the Christian in the political sphere as a corrective to the indifference and greed of so many projects dominated by efficacy, immediacy, and marketing. (15) Relying on the formula of the Good Samaritan, Francis asks that we always be the ones to take the first step toward the wounded and victimized. To build a vision of the common Good from that perspective and stance requires that we rethink economic structures, dismantle practices of active violence, such as the death penalty and modern war, protect ethnic, religious, and cultural diversity as basic to the development of the common good, and establish channels of collaboration with non-governmental organizations and popular movements to secure that all are able to access the most essential elements of the common good: work, land, and shelter.

This new volume in the social teaching of the Church has resulted extremely uncomfortable to the church in the U.S. For the laity it is uncomfortable because we are used to having the bishops lead us in our voting and electing political leaders. For the clergy and bishops it is uncomfortable because they are centered on an absolutist political posture. It requires a humble spirit, open to the pain of the neighbor and the ways to respond to it within and outside of the channels of democracy and the construction of the common Good. Many are in extreme need of the pastoral and spiritual formation suggested by Fratelli Tutti. And I believe that a number of ethicists and public catholic commentators are forging ahead a way where there until recently there were just a few.[i]

I remember the U.S. elections of 2008 well. The hopes of so many rested on the possibility of electing the first African American president. Within the euphoria of the potential presidency of Barack Obama, I reflected on “the morning after”. I knew that the morning after the election the people without a home would remain without a home, children with broken down schools would still have an inferior and ineffective education, low income families would still be fighting for a way to get ahead, foreign military policy would continue to destroy lives and peoples far removed from my concerns. In other words, the morning after an election, even the most momentous in our history stand out because of that which doesn’t change: the situation of the most marginalized and impoverished, and who most call us to be full members in social, cultural and political movements for transformation, where we can exercise without restrain the praxis of love of neighbor.

We exercise our right to vote. Yes.

We declare the blatant violence of regimes alienated from the pain caused by their indifference and greed. Definitely.

But what is most important is that the morning after will always arrive. In that first dawn after the elections we continue loving the one who suffers, the crucified, the one who awoke the same as the morning before. We unfold for them a siblinghood without boundaries or walls.