Hace ya décadas, las mujeres están pidiendo su reconocimiento y participación plena en el seno de la Iglesia. Por participación plena queremos decir, en los niveles de gobierno y decisión y en los ministerios ordenados. Con el proceso sinodal iniciado en 2021, las esperanzas de conseguir este objetivo parecían hacerse realidad, pero no fue así. El sínodo de la sinodalidad, convocado por el Papa Francisco, inicio con un proceso de escucha, a partir del cual se realizaron encuentros continentales y en 2023 y 2024 se llevaron a cabo dos asambleas presenciales en Roma. En este camino se ofrecieron diversos documentos para preparar las diversas etapas del sínodo y algunos documentos finales de estas etapas. En este escrito presentaremos, de manera breve, las afirmaciones hechas sobre las mujeres en estos documentos, para mostrar cómo, lo que considero se puede llamar “deuda ética” por parte de la Iglesia, con las mujeres, sigue pendiente.
Documento preparatorio para el Sínodo de la sinodalidad
Este documento se elaboró para iniciar el proceso sinodal y, en su primera parte, señaló algunas características sobresalientes del contexto contemporáneo. Una de estas características fue la solicitud de una mayor valoración de las mujeres y de favorecer espacios de participación para ellas, en la misión de la Iglesia En la tercera parte, referida a las bases bíblicas que sustentan el sínodo, recordó como Jesús escuchó las quejas de la mujer cananea y dialogó con la samaritana, no obstante, su ser mujeres.
Documento de trabajo para la etapa continental
Este documento fue fruto de la fase de escucha. Se refiere a las mujeres en la sección titulada “Repensar la participación de las mujeres”. Este apartado señala la dignidad bautismal que capacita a las mujeres para participar plenamente en la vida de la Iglesia y cómo esta conciencia crece en todos los continentes. Además, hace un llamado a valorar más a las mujeres, a abrir espacios para escuchar su voz porque los que toman las decisiones son solo los varones. Reconoce que las mujeres piden a la iglesia que las acompañe en sus luchas, pero también piden la inclusión, así como se ha hecho en la sociedad, sin lo cual, la Iglesia no puede dar un testimonio creíble. Denuncia el sexismo en la Iglesia y la actitud con la vida religiosa femenina, tomada muchas veces, como mano de obra barata. Pide la participación plena e igualitaria de las mujeres en las estructuras de gobierno de los organismos eclesiásticos, en la predicación y en el diaconado femenino. Frente a la ordenación sacerdotal, muchas voces la piden, aunque otras consideran la cuestión cerrada, sin posibilidad de modificación.
Documentos Continentales
De la etapa continental surgieron siete Documentos Finales. No nos detendremos en cada uno, pero se puede decir que, en casi todos, se hacen afirmaciones en estas líneas: siendo las mujeres el mayor porcentaje de los miembros activos de la Iglesia, son un grupo marginado, no ocupan un lugar suficiente en las estructuras de toma de decisiones, en la reflexión teológica, en los consejos pastorales, etc. Muchas voces consideran urgente la institución del diaconado femenino, dado que, en la práctica, este ministerio ya se vive en muchas comunidades. Muchas mujeres comunicaron su dolor por la negación de su participación en la vida de la Iglesia y hablaron de sentimientos de exclusión y discriminación. También se refirieron a la ordenación de mujeres al diaconado y al sacramento del Orden, aunque no todas las mujeres estén de acuerdo en acceder a ellos. Se pide que la Iglesia escuche directamente a las mujeres y reconozcan que no son un grupo homogéneo, pero se ha de escuchar esa pluralidad de voces.
El Instrumtum Laboris para la Primera Sesión presencial del sínodo (Roma, octubre 2023)
Este documento recogió el camino hecho hasta el momento y presentó tres temas prioritarios para ser trabajados en la Primera Asamblea sinodal, referidos al testimonio eclesial sinodal, la corresponsabilidad y los procesos, estructuras e instituciones necesarios en una Iglesia sinodal misionera. La situación de las mujeres se aborda en el segundo tema sobre la corresponsabilidad en la misión, planteando la siguiente pregunta: ¿Cómo puede la Iglesia de nuestro tiempo cumplir mejor su misión mediante un mayor reconocimiento y promoción de la dignidad bautismal de las mujeres? En la ficha de trabajo sobre este ítem, se hacía referencia a la participación de las mujeres en el gobierno, la toma de decisiones, la misión y los ministerios a todos los niveles de la Iglesia, con el apoyo de las estructuras adecuadas para que esto no se quede en una mera aspiración general. Pide, explícitamente, considerar el acceso de las mujeres al diaconado, preguntándose si es posible plantearlo y en qué modo.
Informe de Síntesis
Este informe recoge los aspectos tratados en la primera asamblea presencial. Con respecto a las mujeres, en el ítem 9, titulado “Las mujeres en la vida y en la misión de la Iglesia” se afirma la misma dignidad bautismal de varones y mujeres y se reconoce la violencia que sufren las mujeres por la discriminación hacia ellas en la sociedad y en la Iglesia a causa del machismo y el clericalismo. Se pide el mayor reconocimiento y valoración de la aportación de las mujeres y el aumento de las responsabilidades pastorales que se les confían. Frente al ministerio diaconal hay diversas posturas: unos lo ven como continuidad con la Iglesia de los orígenes, otros lo ven como discontinuidad, por lo tanto, inaceptable, y añaden que esa petición denotaría una peligrosa confusión antropológica que implicaría alienarse con el espíritu del tiempo. Sin embargo, se pide continuar el estudio sobre el acceso de las mujeres al diaconado; revisar la remuneración de la iglesia a las mujeres que con frecuencia son consideradas mano de obra barata; ampliar el acceso de las mujeres a programas de formación y estudios teológicos; promover que colaboren en los seminarios para favorecer la formación de los futuros presbíteros; revisar el lenguaje de la liturgia y de los documentos eclesiales para que visibilice la experiencia femenina y que las mujeres debidamente preparadas puedan ser jueces en todos los procesos canónicos.
Documento final del proceso sinodal (Roma, octubre 2024)
La segunda asamblea presencial terminó en octubre de 2024 y el papa Francisco anunció que no publicaría una Exhortación post sinodal, sino que el Documento final, aprobado por la asamblea, quedaba como resultado de este proceso. Cabe anotar que el Papa nombró diez comisiones para profundizar en diferentes temáticas, entre ellas la de las mujeres, pero sus resultados serán presentados en 2025 y, aún no sabemos, cómo se integrarán en el proceso vivido.
En el Documento final, el ítem dedicado a las mujeres, fue el que más votos tuvo en contra -al momento de ponerlo a consideración para su aprobación-, pero consiguió ser aprobado. Consigna muchas de las afirmaciones que vimos en los documentos anteriores: igual dignidad con los varones por el bautismo y su creciente participación en puestos de responsabilidad en la Iglesia, además de todos los otros servicios y ministerios que de hecho ejercen. Se afirma que no hay nada que impida a las mujeres desempeñar funciones de liderazgo en las iglesias porque lo que viene del Espíritu Santo no debe detenerse. La cuestión del diaconado femenino se nombra, pero se considera necesario un mayor discernimiento a este respecto. Se pide mayor atención al lenguaje, a las imágenes utilizadas en la predicación, la enseñanza, la catequesis y la redacción de los documentos oficiales de la Iglesia, dando más espacio a la contribución de las mujeres santas, teólogas y místicas.
Conclusión
Aunque el recorrido que hemos hecho ha sido breve y cada afirmación merecería una reflexión más detenida, lo que queríamos mostrar es la insistencia a lo largo de estos tres años del proceso sinodal en la participación plena de las mujeres en la Iglesia. Pero el resultado final es agridulce. Por supuesto todos estos pronunciamientos posibilitarán que más espacios se abran para las mujeres en los ámbitos eclesiales porque no hacerlo sería no tener vergüenza ética ya que es evidente que la Iglesia no puede excluir más a las mujeres. Sin embargo, el resultado final se plantea en términos de “todavía no hay suficiente estudio”, “no hay claridad sobre el asunto”, “no podemos tomar una decisión en este sentido porque traicionaríamos el querer de Dios”, “es más importante el papel de María -con quien se identifica a las mujeres- que el del Papa, por lo cual no hay razón para que las mujeres pidan los ministerios”, etc.
En otras palabras, en el Documento final quedó una frase que da mucho que pensar: “lo que viene del Espíritu no debe detenerse”, pero parece, que habrá que seguir esperando para que la cúpula eclesial no se resista más al Espíritu de Jesús y salde, de una vez por todas, la deuda ética que la Iglesia sigue teniendo con las mujeres al, ser prácticamente el único organismo público que cierra algunas puertas a las mujeres, aludiendo como razón para ello, el ser mujer.