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La menstruación, el tabú más eterno. Un llamado a subvertirlo desde la ética teológica feminista

[1]

Verónica Naranjo Quintero[2]

Resumen: En este texto, se sustenta como la menstruación ha sido el tabú más perpetuado hasta nuestros días y, como esto ha enajenado a los cuerpos menstruantes, quitándoles su liderazgo y enfermándolos. Por esta razón, este escrito busca abrir la pregunta de esta enajenación y deja una invitación a subvertirla, a partir de una ética teológica feminista que logre hablar de educación menstrual y salud descolonial.

Abstract: This text’s purpose is to explain how menstruation has been the most perpetuated taboo from ancient times to nowadays and how this idea has alienated menstruating bodies, taking away their leadership and making them sick. This writing seeks to open the question of this alienation and leaves an invitation to subvert it, based on a feminist theological ethics that manages to talk about menstrual education and decolonial health.

Resumo: Neste texto, argumenta-se como a menstruação tem sido o tabu mais duradouro até nossos dias e, como isto tem alienado os corpos menstruantes, tirando-lhes sua potência e adoecendo-os. Por esta razão, está escrita procura abrir a pergunta desta alienação e deixa um convite a subvertê-la, desde uma ética teológica feminista que consegue falar de educação menstrual e saúde descolonial.

Hace poco, en la universidad que trabajo me encontré en un corredor a un colega y a sus estudiantes y conversamos acerca de la vacuna del covid-19, hablamos de los efectos, las combinaciones, de quienes no se la quisieron poner; etc. Y en nuestra conversación, yo hable del tema de la menstruación, de lo que ha ocasionado la vacuna en los cuerpos menstruantes. De repente, sentí como el interés de la conversación bajo, mi colega sacerdote, se retiro para dar su cátedra y los estudiantes, la mayoría religiosos, también se fueron y apenas me di cuenta estaba sola en el pasillo y ni tiempo me dieron para interpelarlos, por la premura con la que se fueron. Y pensé ¿qué tal si les hubiera dicho que yo estaba menstruada y que estaba hablando de mi propio cuerpo? creo que menos lo hubieran soportado. Así, qué decidí, escribir sin tapujos para el First, del tabú más perpetuado: “la menstruación” y como este tabú le compete a la ética teológica feminista, en la medida en que le apuesta a contribuir a emancipar a las mujeres y corporalidades menstruantes.

Primero, abramos este cuestionamiento con una pregunta: ¿Por qué la manera en que se ha narrado la menstruación enajena a quienes menstrúan? Y si pensamos en las cifras[3], las corporalidades que menstrúan en este planeta son de 8,000 millones. Y cada persona que menstrúa lo hace desde los 10 a los 50 años, es decir, menstrúan más o menos de 2 mil a 535 días a lo largo de su vida. Y en su mayoría, los productos que usan para la protección menstrual se demoran en descomponerse 100 años[4], pero, otra parte de la población aún no tiene los recursos necesarios para vivir la menstruación, causando esto infecciones, por usar productos que recogen de las basuras, lo anterior corresponde a los últimos casos que se han registrado de las mujeres que viven en las calles[5].

Para responder a la pregunta antes propuesta, es necesario, compenetrarnos más con el tabú menstrual; el cual ha sido de siempre y varios estudios antropológicos[6] lo han reflejado, no solo como prácticas ancestrales, si no como prácticas que van en contra de la dignidad. James Fazer (1890), en su obra la Rama Dorada, registró en fotografías y narrativas las reclusiones que numerosos pueblos hacían a las jóvenes, entre estas: la seclusión, (que es encerrarlas, por largo tiempo, en lugares pequeños donde solo podían estar arrodilladas y salir de noche, nunca de día; algunas llegaban a vivir así de 3 a 5 años), prohibiciones de rascarse o tocarse la cabeza con las manos, solo darles una comida al día, no tocar el suelo, no ver el sol; etc. Para este autor “el motivo de las restricciones en la pubertad (…) es el temor a la sangre menstrual” (pág. 678). Y mucho más, aún, ya que “el objeto de recluir a las mujeres durante la menstruación es neutralizar las influencias peligrosas que se supone emanan de ellas en esos momentos” (pág. 681). Lo peligroso de todo esto, es que aún en nuestra época estas prácticas las siguen realizando comunidades indígenas, y entre, otras creencias que continúan perpetuando la malignidad en el cuerpo de la mujer.

A partir de lo anterior, podemos responder que la manera en que se ha narrado la menstruación enajena a quienes menstrúan, máxime que en nuestros días se busca que la menstruación sea política. Pues, no considerarse como un territorio político ha ocasionado que los cuerpos menstruantes estén explotados, esto último, se puede evidenciar desde los intereses de las industrias farmacéuticas, en un texto de mí autoría[7], he alertado acerca de esto (Naranjo & Muñoz, 2020, pág. 217):

“Es importante sospechar la manera en que se propone el TDP en el DSM-5, pues puede darse el riesgo de presentarse como una psicopatologización de la vida cotidiana y esto puede llevar a crear pacientes falsos, además del mal diagnóstico de los síntomas premenstrual, que mal tratado interfiere en la vida cotidianidad o deja a la mujer dependiente de la industria farmacéutica”.

Es claro que las industrias han sacado provecho de la menstruación, pero no han ayudado a los problemas de salud pública que las corporalidades menstruantes viven, como es la enfermedad de la endometriosis, una patología, difícil de diagnosticar y sin cura. Para Élise Thiébaut (2018) esta enfermedad ha sido mencionada por las mujeres “como el cáncer del que no se muere” por eso, para Thiébaut, “en un mundo donde la urgencia de responder a la impotencia masculina moviliza todas las energías, queda muy poco lugar para el tratamiento de la endometriosis, que por largo tiempo fue tomada por una enfermedad imaginaria” (pág. 183).  Y esto a causa, que se vio normal que la menstruación y el ser mujer doliera y se enajeno y se excluyó el tener útero, siendo alarmante que en nuestros días 1 de cada 10 mujeres padezca de esta enfermedad. Y esto, también lo hicieron las religiones con sus prácticas de pureza e impureza, Jesús dio un paso adelante[8], pero creo que no se tomó enserio su ejemplo.  Por eso, una respuesta para reivindicar a la mujer y toda corporalidad que menstrúe, tanto de parte de las religiones, como de la medicina y la sociedad, es no enfermarla, no blanquearla, no excluirla, no medicalizar los cuerpos menstruados.

Sumando a los anterior, un camino, para lo que he venido mencionando acerca:  del tabú de la menstruación, el provecho que se quiere sacar de los cuerpos menstruantes y la invisibilización de sus propias necesidades, es radicar, este tabú tan perpetuado. Para ello, se hace urgente, nombrar la menstruación por su nombre, sin eufemismos que envés de liberar los cuerpos, los romantiza y los fragmenta. Por eso, la apuesta desde una perspectiva de una ética feminista es apostar a la educación menstrual y a una salud descolonizada de las corporalidades menstruantes.  Lo anterior se logra, cuando se asume desde la educación sexual unas narrativas liberadoras para el conocimiento del cuerpo de la mujer y las corporalidades con útero, en donde, se hable del órgano sexual de la mujer sin tabúes, y descolonizado de las narrativas machistas que le dieron nombre[9]; lo anterior implica estudiar la historia con mirada feminista y sumergirse en el lenguaje científico para dar a conocer la ciclicidad y la salud menstrual descolonizada, un ejemplo de esto, es nombrar a las trompas de Falopio por trompas uterinas o glándulas de Anarcha o Lucy y Betsy, como una manera de reivindicar a las mujeres esclavas que fueron violentadas para experimentar con ellas, perpetuándose luego los nombres de los hombres que lo hicieron, como es el caso de Falopio. Por eso, nombrar desde una perspectiva feminista es subvertir y crear nuevas narrativas, a si mismo, también es sumamente importante conocer nuevas alternativas para el conocimiento y la emancipación medica de los cuerpos cíclicos, para esto invito a hondar en la obra de la medica canadiense Lara Briden “Como mejorar tu ciclo menstrual”[10].

A modo de conclusión y con la ilusión de no volver a quedar sola en el pasillo para hablar de la menstruación, hago la invitación a percibir que:

1). El tabú menstrual, se ha perpetuado hasta nuestros días y hasta que no se logre subvertir, no lograremos igualdad de género, ocasionando esto, brecha salarial y no ocupar cargos importantes en las religiones, organizaciones políticas y sociales.

2). La industria farmacéutica, le interesa los cuerpos controlados, amenstruales, para que puedan servir para la producción, pero, a la industria y la sociedad no le ha interesado las realidades tangibles, como son las enfermedades que se derivan de la menstruación, entre ellas, la endometriosis, esto refleja la consigna del miedo a tocar este tema, pero sí tienen interés para sacar provecho. De allí que este sea un tema de salud pública y apuesta para una ética teológica feminista.

3). Las nuevas narrativas y las prácticas de una salud descolonial, podrán ayudar a subvertir los mensajes que se han designado a los cuerpos menstruantes, por eso, la apuesta feminista es resignificar la educación sexual de las nuevas generaciones.

[1] Fotografía de un taller que ofrecí en educación menstrual en Santa Cruz, Bolivia, diciembre del 2021.

[2] Teóloga. Magíster en Teología con énfasis en bioética. Docente e investigadora. Candidata al Doctorado en Género y Diversidad de la Universidad de Oviedo-España. Creadora del proyecto Úteras Vibrantes. Contacto: vernaqui@yahoo.es

[3] Grupo de información en Reproducción elegida, 2020.

[4] Véase: Naranjo Quintero, Verónica, 2020, DE LO MISTERIOSO A LO ECOLOGICO: LA NUEVA VISION DE LA MENSTRUACION Encontrado en: https://www.terapiamenstrual.com/post/de-lo-misterioso-a-lo-ecologico-la-nueva-vision-de-la-menstruacion

[5] Véase: Fondo de Protección para las naciones unidas (2020), La menstruación y derechos humanos. Encontrado en: https://www.unfpa.org/es/menstruaci%C3%B3n-preguntas-frecuentes

[6] Véase: Harding, Esther (1955). Los misterios de la mujer. Tibón, Gutierre (1984) Los ritos mágicos y trágicos de la pubertad femenina.

[7] Hermenéutica, estética y (bio) política. Reflexiones de problemáticas actuales, autora de un capítulo de libro llamado: «El ciclo menstrual femenino: ¿derecho o exclusión laboral? Una interpretación desde el DSM5» (pp. 205-220). Editorial Universitaria Abya-Yala/UPS, ubicada en Quito- Ecuador ISBN número 978-9978-10-413-2 de la Cámara Ecuatoriana del Libro.  Encontrado en: https://dspace.ups.edu.ec/handle/123456789/18749

[8] Véase: NARANJO QUINTERO, Verónica.  ¿Es pertinente la teología de la liberación hoy? Autora de un capítulo de libro, llamado: “Las toallas ecológicas: una lectura teológica y bioética a la crisis ambiental” (pp. 315-323). DPG Editores, Fundación Amerindia. ISBN número 978-9974-8731-6-2 noviembre del 2020. Encontrado en: https://www.amerindiaenlared.org/uploads/adjuntos/202010/1602000950_FVhnwNDd.pdf?fbclid=IwAR00Q8Fo3sRVkgZ4PFS_ziKarrI5ZCGpbsRkA8SI7xhie7SXeEt0wLwNWvM

[9] Véase: Majo Andrade, Anarcha, Lucy y Betsey: la descolonización corporal (2019). Encontrado en:

https://www.ladobe.com.mx/2019/09/anarcha-lucy-y-betsey-la-descolonizacion-corporal/

[10] Véase: Cómo mejorar tu ciclo menstrual con Lara Briden (2020). Qué buena salud, YouTube encontrado en: https://www.youtube.com/watch?v=RCupVmmOAwo