Francisco, en su Carta Encíclica Fratelli Tutti, para decirnos que el diálogo social como la mejor política es la forma más alta de caridad -si tiene como principio la misericordia en tanto testimonio concreto del cristiano capaz de “tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo” (Predicate Evangelium 1)-, nos puso como ejemplo al Buen Samaritano (FT cap.2). El Papa Leon XIV, en su Carta Enciclica Magnifica Humanistas, nos llama a organizar ese trabajo, que es misión y política -es decir Doctrina Social de la Iglesia-, y pone como ejemplo al profeta Nehemias, quien se pone en marcha para “organizar el trabajo” (MH 241). La justicia social, fundamento de la paz (MH 215), nos dice Leon XIV a lo largo de todo el documento que es producto de un trabajo organizado, y trabajar organizadamente es una decisión colectiva y colaborativa, que nace de un movimiento de reflexión y acción que revela la verdad sobre la realidad. Propongo detenerse: 1) en qué consiste la decisión de reconstrucción; 2) en qué consiste la verdad fáctica como movimiento de reflexión y acción; 3) en qué consiste el trabajo organizado como acción concreta para la verdad efectiva.
La decisión de reconstrucción
Magnifica Humanitas comienza llamando a hacer una “elección decisiva” (MH 1): Babel o Jerusalén. Se trata de construir Babel en torno a una identidad o uniformidad que lleve a la deshumanización; o reconstruir los muros de Jerusalén, buscando la unidad en la diferencia. No comienza hablando del ser, ni del deber ser. No comienza hablando en términos éticos del bien y del mal; ni en términos estéticos de lo bello o lo feo, ni tampoco términos jurídicos de lo verdadero o lo falso. Comienza con un llamado a la acción, y dicha acción es una decisión. Así como el llamado a la acción comunitaria en el mundo religioso es la misión, en el mundo secular el llamado a la acción colaborativa es la política. Ambas, misión y política, son las dos caras de la Doctrina Social de la Iglesia, y la decisión es el punto de partida para ambas. Francisco lo decía de otro modo: o nos unimos, o nos hundimos.
Ante la amenaza a lo humano mismo que pueden representar las nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial, León XIV comienza llamando a la humanidad a tomar una decisión, lo cual -según mi modo de ver-, es el modo sublime de respeto a la libertad de conciencia, porque: no obliga, convoca; no criminaliza ni victimiza, interpela. Eso es respeto a la libertad de conciencia. El llamado a la acción no adormece, por el contrario llama a despabilarse para no dejarse robar la esperanza. Llegados al punto más crítico del cambio de época -denunciado por Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (EG 52), y reiterado por León XIV (MH 6), Magnifica Humanitas llama a tomar una decisión concreta: construimos Babel o reconstruimos Jerusalén.
Para animarnos a tomar esa decisión, León XIV nos dice que el modelo de humanidad magnífica es Jesucrito, el “Crucificado Resucitado” (MH 210), y que el proyecto de construcción lo marca la visión de Maria en el Magnificat (MH 230), donde justicia social y bien común se identifican. Tomar la decisión de reconstruir Jerusalén implica desarrollar una “nueva lógica” (MH 178) donde: la comunión se de a modo de colaboración; la responsabilidad sea compartida: y la subsidiaridad permita que cada uno se ocupe de la parte que le corresponde en la reconstrucción.
Cuando todos participan de la toma de decisión, todos los actores y todos los sectores (MH 209), la decisión se hace “movimiento de reflexión y acción” (MH 174), y León XIV dice que es urgente tomar esa decisión. Dice que eso implica poner en marcha una nueva lógica que permita generar la “cultura de la negociación” (MH 221). Pone como ejemplo de que eso es posible a las Naciones Unidas (MH 226), que se sustentó durante décadas sobre el dispositivo del diálogo social, el cual posibilita la negociación a partir de la visibilización del conflicto y la construcción de acuerdos. No por casualidad, el Papa León XIV insiste en que el método es el diálogo con todos, dentro y fuera de la Iglesia. A ese movimiento de reflexión y acción, constitutivo de la decisión, Leon XIV lo identifica con el “sano realismo político” (MH 218), el cual es capaz de medir las relaciones de fuerza, sin reducir la política a lo moral, previniendo el conflicto y teniendo a la misericordia como principio de lo político.
La verdad fáctica
El contexto en el cual Leon XIV llama a tomar una decisión es la Inteligencia Artificial, que se presenta como una amenaza capaz de “modificar la gramática del conflicto” (MH 183), lo que significa que la nueva tecnología, no es un cambio cualitativo como cualquiera otro ocurrido en la historia. Este cambio es más amenazante porque no solo cambia las relaciones productivas -y con ellos las formas políticas, económicas, educativas, sanitarias y bélicas-, sino que puede cambiar el lenguaje. El lenguaje no es el idioma -español, inglés, portugues, etc-, que puede traducirse sin que cambie la cultura. El lenguaje es la cultura, por la lengua va la cultura, y por ella la religión. Por eso, la nueva tecnología representa una amenaza interna y externa, es decir: una amenaza a la religión católica; y una amenaza a la dignidad humana.
La Carta Encíclica Magnifica Humanitas, en respuesta a la amenaza externa, hace un reposicionamiento de la Doctrina Social de la Iglesia, definiendo el significado de cada uno de sus principios, fijando así el texto, debido a que esos principios están siendo modificados o resignificados. Así, define la justicia social como bien común, es decir, como principio y fin de la moral social (MH 109 ), de la cual los otros cuatro principios son sus instrumentos constitutivos: dignidad humana, acceso universal a los bienes creados y desarrollados, subsidiariedad y solidaridad. En relación con eso: denuncia que individuos particulares son más poderosos que los gobiernos (MH 109); y dice que el modo de seguir hoy a Jesús es lograr la capacidad de ordenar lo social, lo político y lo económico (MH 22ss). Dicho orden no es otra cosa que la justicia social, fundamento de la paz.
En respuesta a la amenaza interna, Magnifica Humanitas retoma el tema de la verdad, diciendo que la verdad fáctica se construye en la relación (MH 132), incluso objeta a quienes hablan solo de la vida eterna, exhortando a ocuparse de la vida concreta de las personas. En cierto modo, está haciendo referencia a lo que Francisco decía con otras palabras cuando en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium sostiene que “la realidad es superior a la idea” (EG 231-233). Según León XIV, la verdad también es compartida, cuando lo que está en cuestión es lo fáctico. Para el Papa norteamericano, como para el latinoamericano, la verdad también viene de abajo, se conforma en el diálogo, y no elimina el conflicto (MH 25).
Ante quienes objetan que tal modo de definir la verdad fáctica es sociología, el documento dice que la Doctrina Social de la Iglesia es teología (MH 22) ya que la religión católica es pública, porque la evangelización se constituye en el testimonio (MH 3). La Doctrina Social de la Iglesia se ocupa de la vida social, y cada decisión que se toma por la justicia social representa un examen de conciencia (MH 86). Este modo de definir la verdad desde el magisterio social pontificio cierra el debate que va desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, en torno a quién es el sujeto jurídico que juzga que es verdadero y que es falso. El sujeto jurídico es el pueblo de Dios quien, a partir del sensus fidei puede dialogar sobre el conflicto y, en esa relación dialógica, tomar la decisión de la acción justa, teniendo como modelo al Resucitado, y como bien común al Magnificat.
El trabajo como acción organizativa
“El gran tema es el trabajo”, dice Francisco en la Carta Encíclica Fratelli Tutti (FT 162). Esto aparece en todos los documentos de la Doctrina Social de la Iglesia, y también en Magnifica Humanitas. León XIV cuestiona fuertemente la lógica productiva de la explotación. Dice que el trabajo es la clave para entender toda la estructura social (MH 37), aclarando que, si bien la familia es el pilar fundamental, sin trabajo no es posible la dignidad de la familia (MH 31). Por eso invita a pensar la cultura de la negociación a partir de las relaciones productivas, porque ni el trabajo, ni la tecnología son neutrales
¿Qué significa entonces organizar el trabajo? Recapitulemos. León XIV, ante el cambio de época, llama a tomar una decisión: o seguimos construyendo Babel o reconstruimos Jerusalem. Está en nuestra libertad, como pueblo y Pueblo de Dios, seguir adelante con un proceso que amenaza con la deshumanización, o reencantar al mundo con un nuevo proyecto social constructivo de una ciudad donde puedan habitar en paz los seres humanos y Dios. Esa decisión, dice, es un “movimiento de reflexión y acción” (MH 174) del que deben participar todos con responsabilidades compartidas, buscando la justicia social como bien común, y llama a organizar el trabajo. Un mismo llamado con tres momentos: la decisión de construir, la reflexión sobre la verdad, y la acción organizativa.
En Magnifica Humanitas, el objetivo está dado por la realidad: decidir entre Babel o Jerusalén. El discernimiento está claro en la visión de Maria, la justicia social como bien común. La acción es trabajo organizado. Pone como ejemplo al profeta Nehemias. Su gran virtud es organizar el trabajo. La reconstrucción necesita a todos, todos, todos, pero organizados. Esta organización es la capacidad de poner orden entre las diferencias hasta lograr la unidad, que se expresa no como identidad, sino como armonía entre las partes. Esta es la tarea de la Teología Moral social en tiempos de León XIV. La misión nos hace a los teólogos moralistas, constructores. León XIV presenta el diálogo social como dispositivo capaz de organizar el trabajo, donde las partes en conflicto, a través de sus representantes, pueden llegar a acuerdos abiertos. Organizar el trabajo, no significa organizar labores, sino la coordinación de todo el trabajo social para la Ciudad de Dios y de los seres humanos.