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La tierra llama y emergen respuestas

A modo de introducción

Distintas pistas nos hablan de que el acceso a la tierra está llamando a cambios significativos, que se van manifestando en variadas expresiones en América Latina. Las respuestas corresponden particularmente en los niveles sociológicos del accionar medio y macro. Cualquiera de estos niveles registra en la actualidad del continente reales posibilidades de modificación de las situaciones complejas. Por este motivo abordamos los dos niveles. Convencidos que ambos son necesarios e interaccionan constantemente dinamizando la realidad, uno en el indispensable rol del estado y el otro en la energía que viene de las bases, de los movimientos populares, y las organizaciones sociales. Ambos pueden y deben ser sensibles al grito de la tierra. Trataremos dos ejemplos al respecto.

Movimientos populares y organizaciones sociales van tallando el acceso a la tierra

Dentro de este panorama entre el 2021 y el 2022 apreciamos este dinamismo de mediano impacto. En el 2021 el Programa Latinoamericano de Tierras reúne en un desafiante estilo de itinerario formativo, instituciones distintas y significativas[1] de América del Sur para desarrollar, por mandato de estas, un programa de varios meses, un proceso en el cual convergieron la apuesta académica, estrategias socio políticas, e importantes prácticas transformadoras e incidentes. Un estilo distinto de concebir la formación, donde cada institución aportó su peculiaridad, su trayectoria y sus experiencias en el acceder a la tierra, cada una muy diferente de la otra, y al mismo tiempo todas proyectadas en el tenor de una búsqueda activa y participativa en la temática y siempre en el marco de una fraternidad posible.  

Los meses transcurridos en el itinerario de formación, fueron inspirados en gran variedad de estilos, de decisiones, de resistencias, y de posibilidades. También se suscitaron anhelos en los participantes de ser siempre más verdaderos nudos de una red amplia que desde distintos puntos del continente marca la importancia de un trabajo conjunto, de una caminata estrechamente ligada por vínculos fraternos y de incidencia. Quedó muy claro en el itinerario formativo que para esas instituciones que desarrollaron su trayectoria, fue y es posible acceder a la tierra, la creatividad y el compromiso comunitario lo hicieron posible en medio de múltiples adversidades. Propuesta que también fue acompañada con la atención debida por instituciones como: el Programa Latinoamericano de Tierras, el Instituto Universitario Sophia ALC, en articulación con CEBITEPAL, CLACSO y la Red de Universidades de la Casa Común RUCC.

La reforma agraria de Colombia hoy no es la de los años 60, sino la del Acuerdo de Paz

Dentro de un nivel macro, analizamos el nuevo gobierno de Gustavo Petro que sostiene que el pilar de su actuación será retomar la reforma rural que se pactó en La Habana, y que después se abandonó en la administración Duque. La reforma agraria anunciada seguirá al pie de la letra la reforma rural integral estipulada en el primer punto del Acuerdo de Paz de 2016.

Cecilia López, actual ministra de agricultura, dice que este es un nuevo ministerio y sí, en efecto, tradicionalmente ha estado enfocado en la productividad, en las cadenas, el arroz, papa, café, en cómo ponerles plata a los gremios, pero no se ha preguntado por un enfoque poblacional, un enfoque de desarrollo integral y un enfoque de tierras fuerte que permita realmente que las comunidades que están más desfavorecidas logren mejores garantías. Este será – afirmó- un Ministerio de Agricultura que más se asemeja a un Ministerio de la Paz.

Qué tiene que ver la Paz con la tierra podemos preguntarnos. Líderes campesinos, empresarios, académicos y políticos discutieron sobre los retos para consolidar la paz en la ruralidad durante el posconflicto en Colombia. Cómo resolver los problemas sobre la tenencia y el acceso a la tierra fueron el eje central del debate.

La ruralidad ha sido el eje y escenario central del conflicto armado interno colombiano: la mayoría de las víctimas provienen de allí, así como buena parte de los miembros de los grupos armados irregulares. El problema de la concentración de la tierra productiva en pocas manos ha sido además uno de los motores de la guerra. Decididamente las voces múltiples de Colombia de a pie, señalan algo que el “Programa Latinoamericano y Caribeño hacía una fraternidad posible” subraya constantemente desde hace tiempo: sin tierra no hay paz.

¿Cuál será la reforma agraria del nuevo gobierno?

Una claridad: se trata de la reforma agraria del primer punto del Acuerdo de Paz, que tiene muchos componentes: acceso a tierras con el Fondo de Tierras que se debe recuperar y entregar a gente que no tenga, la titulación de propiedad, la restitución de tierras a las víctimas, la zonificación ambiental y resolución de conflictos de uso, y toda la agenda de desarrollo rural integral.

La reforma rural del Acuerdo de Paz tiene metas claras. A su vez la Comisión de la Verdad en su Informe final también acaba de decir que hay que hacer el reconocimiento al sujeto campesino. Dado que hay una discriminación histórica de las comunidades campesinas, el sujeto campesino y sus factores de identidad: su autorreconocimiento, sus territorios, su relación con la tierra, que no se limita a ponerla a trabajar; la tierra para el campesino tiene una relación tan estrecha, como la de los pueblos indígenas y los pueblos afro con el territorio; para nosotros la tierra es una propiedad más que se vende y se tramita, para ellos es su vida, su heredad, sus tradiciones, su cultura, sus tejidos comunitarios y organizativos. Y cumplir esa deuda histórica pasa por darle ese estatus que se le ha negado, por ejemplo, Colombia ni siquiera ratificó la Declaración de Naciones Unidas, todo es deliberado, es un mensaje intencional, no es accidental.

Colombia ya comenzó el camino que se trazó desde el gobierno. “Hoy arranca la compra de tierras con el ofrecimiento de Fedegan (…) expresó la ministra de Agricultura, Cecilia López, en una declaración con el gerente de esa Federación, José Félix Lafaurie.

La ministra detalló que con ello “empieza el tercer componente de la reforma agraria”, del que ya se tenía el primero que es “la titulación”. En ese sentido, el Gobierno puso en marcha su propuesta con la entrega de títulos de propiedad de 681.372 hectáreas a campesinos, indígenas y afrodescendientes. En esa primera fase se entregarán los títulos de propiedad a 12.600 familias en 19 de los 32 departamentos del país. La segunda será el arrendamiento a organizaciones campesinas de 125.000 hectáreas de tierras confiscadas a narcotraficantes, que son propietarios de grandes extensiones, paso que se dará una vez se completen los trámites legales con la Sociedad de Activos Especiales (SAE), que administra bienes sujetos a expropiación por ser su propiedad de origen ilegal. La tercera etapa, aseguró, que se pretende comprar a precio comercial 5 millones de hectáreas de tierra a sus actuales dueños para luego venderlas a menor precio a campesinos o pequeños y medianos empresarios.

¿Podrá Colombia soñar que el conflicto por la tierra que tanta violencia generó encuentra la posibilidad de un corredor verídico a la Paz? Creemos que el Acuerdo de Paz fue un gran hito, ahora la intención de hacerlo realidad se está actuando con lo cual se logra divisar un posible amanecer.

Dra. Susana Nuin Núñez

Programa Latinoamericano de Tierras, Hacia una fraternidad posible.

[1] www.programatierras.org – Movimiento sin Tierra de Brasil, Universidad Javeriana de Colombia, Representantes de procesos de acceso de Argentina, la Vía Campesina de Argentina, el Fondo Populorum Progressio de Ecuador, Universidad Antonio Valdivieso Nicaragua, Pastoral de la Tierra de la CNBB de Brasil.