Back to Forum

Pobreza y Mujer: los rostros de la desigualdad expuestos por el Covid-19

La situación actual que vivimos no solo ha traído cosas nuevas, si no que ha revelado lo que ya había, eso sí de una manera más fuerte y devastadora. En cuanto el tema de este artículo, la pandemia reveló que las mujeres siguen siendo la población más pobre de este mundo especialmente en América Latina, y la pregunta es ¿por qué esto sigue siendo así?

La brecha salarial entre hombres y mujeres es una problemática que va en aumento en la actualidad, causando que las mujeres sean una de las poblaciones más pobres en el mundo. De acuerdo al Banco de Datos de Encuestas de Hogares (BADEHOG) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre los países más pobres de Latinoamérica se encuentra Bolivia, seguido de Colombia y luego México. En el análisis de pobreza entre géneros de los tres países aparecen las mujeres como la población más pobre.

Además, existen otras visiones de lo que sucede con la vida laboral de las mujeres como la de diversas instituciones que desean brindar ayudas a aquellas que sostienen una familia. Estas ayudas, según Naciones Unidas CEPAL (2006), distan de ser de manera directa para la mujer y, aunque hacen algo bueno, la ayuda es para los otros miembros de la familia. En este sentido, “la transferencia que reciben consta esencialmente de apoyos económicos o becas para hijas e hijos que asisten a la escuela. Las mujeres no reciben la transferencia en cuanto tal, sino en cuanto madres y responsables del trabajo de cuidado y reproducción doméstica’’[1]. Dichos programas ofrecen entonces un apoyo material, más no un apoyo desde un enfoque de género que posibilite a la mujer emanciparse y ser resiliente.

En vista de que las mujeres hoy trabajan más, en algunos países como Argentina, Costa Rica, Perú y Uruguay se ha estudiado esta realidad y se ha comprendido que hoy en día la mujer vive una violencia doméstica, pues no solo trabaja en una empresa, sino que también trabaja en su hogar, pero las actividades de casa constituyen un trabajo invisible[2]. Algunos teóricos, en el afán de que este trabajo tenga un reconocimiento, lo han nombrado como el trabajo del cuidado, pero lo cierto es que no es reconocido ni valorado. Según Verónica Garea

“antes de 1881, la tasa de actividad económica de hombres y mujeres en Alemania era idéntica al 98%. [Pero] en 1981, la actividad económica de los varones se mantiene con una tasa del 98% y la de las mujeres cae mágicamente al 42%. Menos de la mitad ¿Por qué? Porque en ese censo, se consideró que lo que una mujer hacía en el entorno familiar no era actividad económica (…)”[3]

La anterior cita sustenta una de las razones por las cuales la pobreza en las mujeres es   recurrente. Además, las posibilidades de las mujeres a nivel educativo son pocas y en países como Colombia muchas mujeres no pueden decidir en qué trabajar, si no que trabajan en lo que les resulte, pues no tienen opciones puesto que su educación no llega ni a una primaria básica, incluso en algunas fundaciones la alfabetización a mujeres jóvenes entre 20 a 30 años sigue siendo una labor necesaria para que muchas puedan continuar su estudio de secundaria y posteriormente, trabajar aseando hospitales o instituciones educativas o como vendedoras en almacenes.

Para elucubrar la necesidad de sobreponernos ante la situación de la pobreza que hoy vive la mujer, es preciso acudir a uno de los acercamientos que hoy se tienen en la literatura de la situación en la vida cotidiana de las mujeres en pandemia.

En ese sentido y en el caso que nos atañe se estudia en el contexto de la pandemia por COVID-19 las transformaciones en la vida cotidiana de mujeres que habitan en Cúcuta, ciudad fronteriza colombiana demarcada previamente por otros aspectos sociales como la migración, el desempleo y la informalidad laboral más alta en el país, situaciones subyacentes que hacen más difícil atravesar el confinamiento social. Respecto al desempleo en esta región, se hallan cifras que oscilan entre el 11 y el 28,9%, siendo mayor en el género femenino. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE, 2020) la informalidad es del 70%. Referente a la migración, la ciudad ha sido la mayor receptora en Colombia de migrantes venezolanos (Profamilia & USAID, 2020), y éste grupo poblacional, en su mayoría, no posee capital social que le permita permanecer por largas temporadas en aislamiento[4] .

Esta situación de falta de oportunidades laborales y la tristeza que viven muchas mujeres por su situación, es un factor ilustrativo que dejo ver más claramente el Covid-19, es decir, la mayoría de mujeres de países sub-desarrollados, sostienen el comercio y los trabajos de cuidado que en la mayoría de los casos no cuentan con contrato laboral, al llegar la crisis económica por la situación de la pandemia, estas mujeres se quedaron sin trabajo y encerradas; ocasionando esto más pobreza y exponiéndolas a nuevas formas de violencias.  A caer las mujeres en la vivencia de la tristeza, es difícil que puedan mirar otros horizontes a no ser que la resiliencia llegue a su casa, pero en la mayoría de los casos llegó el hambre y el desasosiego.

Lo cierto, es que no sabemos esta realidad hasta cuándo durará, además, sabemos que esto no es una situación pandémica, si no que la pandemia lo exacerbó ¿Será que necesitamos una pandemia para reflexionar los temas de injusticia a nivel social?

Veronica es teóloga. Magíster en Teología con énfasis en bioética. Docente e investigadora de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín. Perteneciente al Grupo de Investigación en Ética y Bioética «gieb» y cofundadora del grupo Talita Qumi en el cual se imparte talleres del ciclo menstrual. Contacto: veronica.naranjoqu@upb.edu.co  o vernaqui@yahoo.es

Las reflexiones de este texto surge de talleres a nivel personal impartidos con mujeres y la profundización en la investigación “Perdiendo el sentido de lo humano: una reflexión multidisciplinar de la actual psicopatologización de la vida cotidiana“, llevada a cabo en el Grupo de Investigación GIEB de la Universidad Pontificia Bolivariana.

[1]«Objetivos de desarrollo del milenio. Informe 2006: una mirada a la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer en América Latina y el Caribe | Publicación | Comisión Económica para América Latina y el Caribe», Accedido 26 de abril de 2021 https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/2892/S2007002_es.pdf

[2] «Progreso y evolución de la inserción de la mujer en actividades productivas y empresariales en América del Sur | Publicación | Comisión Económica para América Latina y el Caribe». Cuadro 3 pág. 10. Accedido 26 de abril de 2021. https://www.cepal.org/es/publicaciones/42031-progreso-evolucion-la-insercion-la-mujer-actividades-productivas-empresariales

[3]«(482) ¿De qué trabajo cuando no trabajo? | Verónica Garea | TEDxBariloche – YouTube». Accedido 26 de abril de 2021: https://www.youtube.com/watch?v=MIBIgbFeyak

[4] Doris Amparo Parada Rico y Gloria Esperanza Zambrano Plata, “Reinvención de la vida cotidiana en mujeres cucuteñas en tiempos de COVID-19” “Reinvention of daily life in women from Cúcuta in times of COVID-19”, s. f., 11. Accedido 26 de abril de 2021: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-69242020000300041