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Provocaciones sociopastorales desde el Sínodo de la Amazonia: Una invitación a toda la Iglesia y al mundo

Para ayudarnos a seguir con esta reflexión, tenemos la intención de traer algunos aportes del Sínodo de la Amazonia (2019), descritos en la Exhortación Querida Amazonia (2020), pero también, como nos recomendó el Papa Francisco, a partir del Documento Final (2019), que trae puntos nuevos y osados para la cuestión de la ministerialidad y sinodalidad, y sus implicaciones sociopastorales. Creemos que estos aportes siguen actuales y tienen la capacidad de ofrecernos elementos relevantes para una acción social y pastoral, no solamente en espacio de la Amazonia (origen del Sínodo y el documento), sino en toda la Iglesia y en el mundo.

En la Exhortación, el Papa nos invitó a soñar, y nos ha dado cuatro sueños. Esto en sí mismo, tiene una interpretación: el sueño nos invita a mirar adelante, a mirar más allá, trae algo nuevo y algo de la realidad, y algo que podemos buscar y osar construir. Por cierto, el sueño tiene límites y para superarlos hace necesario estar con los pies en la tierra, para que el discurso sea seguro y consecuente para lo que se propone. El Documento Final, aprobado por los Obispos y desarrollado por los participantes de los grupos de discusión del Sínodo, trae caminos, y para estos caminos, destacamos algunas propuestas favorables de la parte ministerial-sinodal y con implicaciones sociopastorales, que aquí, es nuestro objetivo principal. Para nuestro ejercicio aquí, usaremos las dos situaciones (sueños y caminos – Exhortación y Documento Final), pues entendemos que ellas se complementan y se corresponden, y nos hacen soñar por caminos que son posibles, haciendo aquí una analogía con los dos documentos.

  1. Los sueños de la Querida Amazonia exigen una conversión pastoral y social para la realidad de la Amazonia, para todos los desafíos que nos son presentados. En la Amazonia hay un canto y hay un grito, una mirada y un clamor, que viene de la tierra y de los pobres. Esto exige una conversión para una Iglesia misionera y samaritana, que pueda estar cerca y escuchar, y así entender la realidad sufriente de este espacio. Son urgencias ecológicas y sociales, políticas y climáticas, pero también, pastorales y eclesiales. Esta conversión nos invita a la construcción de una Iglesia con un rostro amazónico, de una identidad que debe ser protegida y elevada, pues trae vida y esperanza. Los sueños exigen caminos, a veces difíciles, pero los caminos hacen los sueños posibles.
  2. Una sinodalidad misionera. La Amazonia es una tierra de misión, no más como en el pasado, por la colonización y explotación (males que aún persisten y que deben ser superados, incluso por mentalidades eclesiales), pero una misión basada en el cuidado y en la dinámica del buen-vivir, en la integración de toda la naturaleza, en armonía entre todo y todos, como el papa nos ha hablado en la Encíclica Laudato Si’. Entra aquí el encuentro con la realidad, la atención a los retos humanos y sociales. Entra aquí la cercanía para los pobres y el llamado para una Iglesia pobre, junto a los pobres. Una Iglesia del profetismo, de la denuncia, pero también de la esperanza. Entra aquí la inculturación, aquello que podemos ofrecer y aquello que podemos aprender. El Evangelio se encarna en la cultura, y no la quita, pero se realiza en ella. Entra aquí el compromiso socioambiental de la evangelización.
  3. Nuevos caminos de ministerialidad: reforzase aquí la teología del Vaticano II que pone otro dinamismo para las vocaciones y para la ministerialidad, la cuestión del bautismo y la capacidad de acoger los dones del Espírito para hacer nueva toda la Iglesia. Esto para el laicado, para la vida consagrada y para los ministerios ordenados – para todos/todas, un pensar de una nueva iglesia, y que debe ser sinodal. Tanto en el Documento Final cuanto en la Querida Amazonia hay un gran reconocimiento para la cuestión de la mujer. Este es un gran desafío para la Iglesia en toda su estructura, lo mismo ocurre con la región de la Amazonia. Pero, en la Amazonia, destaca la importancia que tienen las mujeres en la formación y en el sostener de las comunidades, mujeres como referencia de identidad y misión, pues muchos son también sus ejemplos de martirio. La América Latina, y la Amazonia, en específico aquí, es una tierra de martirio, y a este punto hay que hacer una reverencia al respecto. Estos eco mártires son testigos de una esperanza que se encarna y que hace seguir a la vida y la justicia por nuevos caminos, sembrando semillas en la tierra. Hay aún la intención de construir nuevos ministerios y nuevas concepciones para ellos, que, en parte, en el Sínodo se ha tornado más presente (como sueño y camino) que en la Exhortación. Pero, como en toda la eclesiología de Francisco, hay procesos, y estos procesos nos invitan a caminar y reflexionar. Seguramente es algo que el Sínodo de la Amazonia ha aportado al Sínodo de la sinodalidad, que sigue siendo un desafío. Después, se habla de estructuras sinodales. Algunas que ya se encuentran, como es el caso de las familias, de las comunidades eclesiales de base, etc., pero hay una invitación para también hacerlas nuevas.

Por fin, para esta parte, traigo una cita de Querida Amazonia, dónde se habla de la Iglesia, del rostro amazónico, de la madurez, de los laicos y de nuevas formas de ser Iglesia, marcadamente laical – y esto trae implicaciones. Creo que es algo que podemos explorar y tener con nosotros:

Una Iglesia con rostros amazónicos requiere la presencia estable de líderes laicos maduros y dotados de autoridad, que conozcan las lenguas, las culturas, la experiencia espiritual y el modo de vivir en comunidad de cada lugar, al mismo tiempo que dejan espacio a la multiplicidad de dones que el Espíritu Santo siembra en todos. Porque allí donde hay una necesidad peculiar, Él ya ha derramado carismas que permitan darle una respuesta. Ello supone en la Iglesia una capacidad para dar lugar a la audacia del Espíritu, para confiar y concretamente para permitir el desarrollo de una cultura eclesial propia, marcadamente laical. Los desafíos de la Amazonia exigen a la Iglesia un esfuerzo especial por lograr una presencia capilar que sólo es posible con un contundente protagonismo de los laicos (QA 94).

La realidad de la Amazonia es una realidad que une varios países y avanza para otros espacios. Hoy, la Amazonia es un centro. Las implicaciones de este Sínodo impactan toda la dinámica eclesial y nos invitan a compromisos sociopastorales, y esto no solamente en América Latina, sino en todo el mundo. Pasado poco más de un año del fallecimiento del papa Francisco, recordamos que él tenía una forma propia de operar y de ofrecer nuevas respuestas a nuevas preguntas. Y nuevas preguntas, todos las tenemos. Pero las respuestas deben ser buscadas, trabajadas y construidas en conjunto, con todos, todas y en todas las partes. Esto es sinodalidad.

Nuestra intención es que este recuerdo del Sínodo de la Amazonia consiste en que sea un aporte precioso para todo el proceso sinodal – que estamos y debemos hacer juntos. Todos/todas.