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Temporada de elecciones, ¿temporada de amistad?

“Pero no puedo reducir mi vida a la relación con un pequeño grupo, ni siquiera a mi propia familia, porque es imposible entenderme sin un tejido más amplio de relaciones: no sólo el actual, sino también el que me precede y me fue configurando a lo largo de mi vida… el amor que es auténtico, que ayuda a crecer, y las formas más nobles de la amistad, residen en corazones que se dejan completar.”

Francisco, Fratelli Tutti sec. 89

Desde la publicación de Fratelli Tutti en Octubre 2020 se me hace imposible vivir una temporada de elecciones sin pensar en los sueños que en la misma impartió Francisco para todos a los que nos toca “pensar y gestar un mundo abierto” (título del capítulo 3 de la encíclica). Desde la perspectiva del “amor político” como una forma especial de la caridad se observan las elecciones de esta temporada en Brasil, Israel, y EEUU. ¿Cómo podemos cultivar una mejor política que le abra espacio al diálogo y a “una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad”? (Fratelli Tutti, sec. 187)

Aunque digan que las guerras culturales ya no existen o ya no definen las dinámicas políticas modernas, tenemos que reconocer que en muchos de los casos la decisión electoral se define en categorías binarias: derecha/izquierda, socialismo/capitalismo neoliberal, conservadores/liberales, binarios ideológicos que dividen a los pueblos reduciendo de modo significativo la posibilidad de un diálogo auténtico que nos lleve a la amistad social por una visión compartida del bien común. Las elecciones que menciono incluyen a varios candidatos enfrentados cuello a cuello a lo que el número de votos se refiere. En Brasil el ganador por la presidencia, Lula da Silva recibió un 51.47% de los votos, mientras que Flavio Bolsonaro recibió un 48.21%, y en Israel las elecciones del 28 de octubre por el primer ministro se encuentran, a la fecha, estancadas en un empate. En EEUU la batalla por el Senado en las elecciones a celebrarse este 3 de noviembre todavía arrastra mucha incertidumbre. Y aunque en última instancia en estos casos gane ‘mi candidato’ – a veces por un pelo, siento que en el proceso se ha perdido la habilidad de la labor lenta y a largo plazo de entablar las amistades sociales que Francisco nos recomendó ya hace seis años.

Un pueblo dividido entre ‘los nuestros sí y los tuyos no,’ como si fuera una realidad ontológica para realizar el bien exclusivamente individual y entendido como voluntad divina resulta no siendo un pueblo. Ésta es una de las categorías más importantes con las que nos deja Francisco para la dimensión política de la doctrina social de la iglesiai: “cada uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo, y al mismo tiempo no hay verdadero pueblo sin respeto al rostro de cada persona.” (Fratelli Tutti, sec. 182) Para Francisco el concepto pueblo es una categoría existencial con realidad trascendente. Se categoriza por su apertura a los sueños de sus miembros que se entrelazan en una visión del bien. Por medio del diálogo solidario, de actos de encuentro, y de compromisos comunitarios se forja la política como esa actividad humana y sobre todo social que trae a la realidad los sueños por un mundo mejor. Francisco se atreve a denominarlo como una visión universal del bien (Fratelli Tutti, sec. 174), pero que, siguiendo la imagen del poliedro respeta e integra la dignidad de cada uno de los miembros de la familia humana.

Para mi este concepto de pueblo se pierde cuando el proceso electoral sólo permite encontronazos en vez de verdaderos encuentros entre personas aparentemente incapaces de considerar que exista – o que se pueda diseñar – una visión compartida del bien común para todos. Reconozco que existen situaciones extremadamente difíciles que debemos encarar en estas elecciones: el resultado de las elecciones en Brasil puede determinar la suerte de los pulmones del mundo y de los pueblos originarios de sus cuencas, el resultado de las elecciones en Israel puede determinar el curso de una guerra y enemistad social desgarradoras para la región y existencial para los palestinos, y el resultado de las elecciones en EEUU puede determinar la suerte de millones de inmigrantes en campos de detención. Y todas las elecciones en estos momentos pueden determinar el curso de las políticas y acuerdos que regularán la inteligencia artificial y su impacto sobre las comunidades más vulnerables de la familia humana.

Mi insistencia por el verdadero diálogo político basado en el amor al prójimo no descuenta en lo mínimo la urgencia de las decisiones electorales que menciono. Mi insistencia viene de la convicción de Francisco que sin ese diálogo basado en el amor, el perdón, y la reconciliación ningún proyecto político llegará a actualizar más justicia, más libertad, más igualdad. (Fratelli Tutti, sec. 236, 237, 246) Sin el diálogo no se cultiva el bien común sino el poder individual de dominación.

En esta temporada de elecciones es cuando más debemos enfatizar la calidad del amor político capaz de alterar la realidad de los pueblos: “Esta caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos.” (Fratelli Tutti, 187) Que así sea, aunque ganen ‘los míos’, o aunque ganen ‘los tuyos’.