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¡Tierra, en tus entrañas encomendamos su Espíritu!

Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad. El sol dejó de brillar, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Jesús gritó con fuerza y dijo: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y al decir esto, murió.

(Lucas 23, 44-46)

 

El líder indígena de Costa Rica, Sergio Rojas, fue asesinado el lunes 18 de marzo, 2019. El asesinato ocurrió el mismo día en que el líder indígena había denunciado ante la Fiscalía la usurpación de tierras y las amenazas y agresiones contra la etnia bribri, a la cual pertenece. Se cumple un año sin justicia.

La mañana del 19 de marzo, 2019 se cubrió de tristeza, para muchas personas, de las Comunidades Eclesiales de Base y movimientos populares, defensores de los Derechos de los Pueblos originarios, de Costa Rica. Sentimos que el sol dejó de brillar, que el viento paró y la tierra, una vez más, se tiñó de sangre y se enlutó. Nos enterábamos de que la noche anterior Sergio Rojas uno de los líderes principales del pueblo indígena bribri, había sido asesinado. Defensor de los derechos a preservar y cuidar la tierra. Su amor por su pueblo y por la tierra lo llevó a la muerte. Y, por eso, hoy gritamos ¡Tierra, en tus entrañas encomendamos su espíritu!

Esta frase es similar a la que gritó Jesús, a la hora de su muerte en la cruz. Para los pueblos indígenas, y para el pueblo bribri, desde que inició la historia colonial en esta tierra de Abya Yala, ha significado y significa vivir crucificados y crucificadas hasta la muerte, igual que Jesús. Desde una cosmovisión cristiana, nos atrevemos a afirmar que para estos pueblos, la Tierra es el Reino de Dios, la verdadera Basileia, que les da vida. Estar sin la tierra es igual a estar sin vida.   Dicho de otra manera,

“para los indígenas, la tierra es la fuente de vida, un regalo del creador que nutre, sustenta y enseña. Aunque los indígenas varían mucho en sus costumbres, cultura e impacto sobre la tierra, todos consideran a la Tierra como su madre y la veneran como tal. ‘La madre Tierra’ es el centro del universo, el corazón de su cultura, el origen de su identidad como pueblo. Ella los conecta con su pasado (como el hogar de sus ancestros), con el presente (como proveedora de sus necesidades materiales) y con el futuro (como el legado que guardan para sus hijos y nietos). Así­ es como lo indígena conlleva un sentido de pertenencia a un lugar”[1].

En Costa Rica, la población indígena se distribuye en ocho pueblos originarios: bribris, cabécares, térrabas, bruncas, ngöbes, malécu, chorotegas y huetares. Estos pueblos residen en veinticuatro reservas indígenas, mejor conocidas por ellas y ellos como territorios[2]. En este sentido, hablar de territorio remite a la tierra, pero no tanto en relación a la posesión de esta, sino como referente simbólico, “el territorio no es una abstracción, sino más un referente simbólico y material, ligado a las experiencias concretas”[3]. Experiencias que como apuntamos tienen que ver con la propia identidad del ser indígena. No se puede pensar un pueblo, un individuo indígena sin tener en cuenta la tierra. Es lo que define su propia humanidad e identidad.

Durante mucho tiempo se conoció Costa Rica como la Suiza de América, por no tener ejército y su población aparentemente vivir en un ambiente de menos desigualdad en relación a los otros países de la región. Sin embargo, conoce también de injusticias. La realidad de marginación y miseria a la que son sometidos los pueblos indígenas es un buen ejemplo. Sus constantes denuncias, así como las de distintas organizaciones que trabajan a favor de los Derechos de los pueblos indígenas, advierten que desde los años 30 se da un leve reconocimiento a las poblaciones indígenas pero sin claridad, incluyendo decretos, leyes y reglamentos todos y cada uno sin la participación plena de los indígenas[4].

No es secreto que la realidad de los pueblos indígenas en América Latina continúa con muchos retos pendientes. De acuerdo con el informe de la CEPAL, correspondiente a 2014,

“Los pueblos indígenas integran precisamente los colectivos más desfavorecidos, como resultado de complejos procesos sociales e históricos que se iniciaron hace más de 500 años, y que fueron estableciendo prácticas discriminatorias persistentes hasta el presente e implicaron un despojo sistemático de sus territorios, con graves consecuencias para su bienestar”[5]

En Costa Rica, a pesar de que investigaciones recientes indican que “desde 2010 ha habido más de 1.200 hectáreas del territorio indígena de 14 comunidades, que han pasado a manos de la población originaría, representando esto, un 11% del área ocupada por no indígenas”[6], también es cierto que las mismas personas indígenas continúan afirmando: “día con día nos acosan. Nuestra vida es insegura aún en nuestra propia casa…)[7].

Es importante señalar, que fue firmado el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas Sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, desde 2007. Lo cual, hace aparecer a Costa Rica como cumplidora de los Derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, la  Ley de Desarrollo Autónomo, exigido por el movimiento indígena, y que daría cumplimiento a la Declaración mencionada, desde hace más de 20 años se encuentra en la Asamblea Legislativa y nunca fue aprobado. Por esto, se puede aceptar que uno “de los mayores desafíos que enfrenta la región en su búsqueda de la igualdad es la inclusión de los derechos de los pueblos indígenas entre las prioridades de las políticas”[8].

A pesar de lo anterior, la creciente marginación y miseria de quienes han venido sufriendo desde hace tanto tiempo, los efectos de la racionalidad de la irracionalizada globalización[9], quienes tercamente continúan apostando por la vida, afirman que un mundo sin discriminación racial es posible, bajo espacios y tiempos transformados.

 

La muerte – entrecruzando historias

La muerte como una de las grandes cuestiones de la experiencia humana es irrepresentable. Se trata de un acontecimiento y como tal afecta a los demás. Para Jacques Derrida, no hay acontecimiento sin un golpe.[10] Un acontecimiento sorprende e interrumpe, es único y sin igual. El acontecimiento nos desacomoda, nos desconcierta, nos desafía, inclusive a cambiar de lógica, de programación, como en el caso de Rut 1,1-2.  El acontecimiento muerte es la presencia inquietante que expresa la finitud de los seres humanos y la de los otros seres vivos. Y, en consecuencia, provoca una acción. Provoca decidir, si seguir o quedar.

Pero también, la muerte es un acontecimiento que, aunque se da en un tiempo y en un espacio concreto, tiene sentido en otro tiempo y en otro espacio. Y aquí también su sentido simbólico.  Lo vemos de forma muy concreta con lo que ocurre cuando acontece el asesinato de una líder o un líder indígena, campesino o campesina. La muerte de estas personas tiene otro sentido más allá del tiempo y el espacio dónde ocurre. La muerte en un instante los ha silenciado. Sin embargo, se trata de un silencio que deja traspasar las nociones éticas fundamentales: el sufrimiento, la sensibilidad y la compasión frente al dolor de los demás. Junto a las memorias de estas muertes, vale señalar que, en el cristianismo, muerte y vida están juntas, a través del sufrimiento y todos los horrores de la humanidad. Jesús experimentó el poder de la muerte. La persecución atraviesa toda su vida, desde el principio hasta la cruz.[11]

La cruz aquí se aleja de las representaciones románticas y religiosas de la tradición cristiana occidental.[12] Se trata de la que dio muerte a Jesús y sigue matándose, a quienes como él tienen el coraje de dislocar y dislocarse desde los centros de dominación, dando paso a su cuerpo histórico en la historia, los masacrados, inocentes e indefensos, violentamente o lentamente, por causa de la pobreza.

La historia de Sergio Rojas, se entrecruza con la historia de Jesús, así como tantos mártires que por defender lo que es de todos, por su clara opción de desequilibrar el sistema de muerte fue llevado a ese trágico final. Un sistema social que sólo admite lo que no es distinto, que sólo protege los intereses de quienes dominan, es un sistema cerrado, que encamina a miles de personas hacia la muerte. En definitiva, se trata de un sistema en el que las relaciones que se promueven no son de misericordia hacia los más vulnerables. Es ese el sistema que le tocó enfrentar a nuestro hermano Sergio Rojas, así como es llamado por muchas personas, indígenas y no, que tuvimos la dicha de conocerlo, de acompañarlo en su lucha. Y sí, hermano Sergio. El término “hermano” parece ser central en la enseñanza de Jesús. En los Evangelios lo encontramos frecuentemente. “Hermano” traduce el latín frater, que proviene de la raíz indoeuropea bhar (de donde viene el inglés born, nacido), y cuyo significado es “traer en el seno”, “generar”. El hermano es, por lo tanto, el que nació de la misma madre, en la misma casa. El dolor sentido por tantas personas en Costa Rica, es por la muerte de un hermano. Hermano ancestral, hijo de la misma madre que es la tierra. Dicho de otra manera, hermano es la relación con el mismo útero, con la casa, y con el pueblo (el mismo clan). Por tratarse de una relación fraterna, no puede mantenerse dividida, por el origen común, por compartir la misma carne y sangre.

 

¡Tierra, en tus entrañas encomendamos su espíritu!

Este es el clamor de quienes sabiéndose hermanos y hermanas piden a la madre de recibir de vuelta en sus entrañas a quien ha sido asesinado. Es así como se sintió el pueblo que clama justicia por los pueblos indígenas. Se trata de un grito de confianza en la tierra como madre. Por eso, en estos momentos, me atrevo a retomar el texto de Génesis 4, la muerte de Abel por Caín, pues me interesa una mirada crítica al texto desde la realidad de los grupos marginales, insatisfechos con los valores y las propuestas de la sociedad vigente. Y más, específicamente, desde el sufrimiento de los pueblos indígenas hoy, que, por defender la tierra, el agua, el aire, es decir, lo que es de todos, son asesinados.

Una sociedad que mata a los hermanos y a las hermanas, se coloca como no hermano. En este texto, la tierra misma “abre su boca” (v.11) para clamar por la muerte del hermano y para recibir su sangre. Así, Abel a pesar de la muerte puede expresarse, a través de la tierra, que no deja impune la muerte de un hermano, quien no se quiso acomodar al esquema del proyecto de la ciudad[13]. Sergio, por su parte, así como Abel no se quiso acomodar a las estructuras del mundo de los no indígenas. Es como decir, renuncia al mundo, de quienes sólo piensan en el poder para explotar, renuncia a quedarse quieto, en aras de seguir y hacer presente el Reino de Dios predicado por Jesús.

La visión que subyace a este tipo de sociedad que quita de lado a quien es distinto, considera que el enemigo debe ser eliminado, porque impide realizar sus proyectos. Es lo mismo que hace Herodes en el evangelio de Lucas 13,1-9, masacrando algunos rebeldes Galileos, probablemente en el templo de Jerusalén. Era también el mismo pensamiento de los judíos que justificaron la muerte de algunas personas debido a la repentina caída de la torre de Siloé, con la probable situación de pecado de las víctimas y, por lo tanto, del necesario castigo divino.

La muerte de Sergio como la de Jesús, representa el castigo a quienes cuestionan la norma tanto política como religiosa del momento. En la base de esta forma de pensar está la convicción de que el mal debe ser eliminado, como la manzana mala que podría corromper a las demás. “Debemos cortar al mal desde la raíz”, suele decirse. Sin embargo, uno no puede olvidarse que este pensamiento crea la ilusión y la peligrosa tentación de un mundo a una sola dirección, donde todos piensan de la misma manera y actúan de la misma forma. El resultado sería un mundo tremendamente uniforme, plano, de iguales, dominado por un solo discurso, una sola interpretación, por la única ley “igual para todos” (?). Sería el imperialismo de lo mismo, del igual, del supuesto “bien”, pero también el reino del fundamentalismo, del dogmatismo, del maniqueísmo, del absolutismo, del etnocentrismo y del nacionalismo.

Este grito que hacemos a la tierra no es otra cosa que una acción desde la indignación que motiva una ética de la compasión que se ejerce con la sensibilidad frente al dolor del otro. Una ética que se grita desde la tierra ensangrentada, por el asesinato del hermano, es decir, la ética de no matar. El clamor, el grito, deja trasparecer una sabiduría intempestiva. Una sabiduría que, por su contenido, está literalmente fuera del tiempo y lugar del proyecto que mata. Una respuesta ética, al contrario, no puede concebirse sino como el reconocimiento compasivo a quienes, con sus luchas y sus resistencias, nos interpelan, a pesar de la muerte.

La tierra es la supervivencia de nuestros pueblos indígenas, ellos resguardan nuestra espiritualidad, las prácticas ancestrales, nuestra memoria, pero también guardan la mayor riqueza en recursos naturales, bosque y agua, estos que son la estrategia del desarrollo para los países, el neo-colonialismo y el extractivismo del que Costa Rica es parte. ¡Y al decir esto, lo mataron!

Sergio fue obligado a abandonar la lucha de una forma violenta. El 24 de Febrero de este año 2020 otro líder indígena costarricense Jerhy Rivera, fue asesinado mientras encabezaba la recuperación indígena de una finca[14].

El espíritu de Sergio y Jehry está hoy junto al de tantos abuelos y abuelas que guardan nuestros caminos.

[1] Adaptado de Burger, J. The Gaia Atlas of First Peoples: A Future for the Indigenous World, Penguin Books, Ringwood, 1990, p. 20; Ulluwishewa, R., Kaloko, A., and Morican, D. Indigenous Knowledge and Environmental Education, Ponencia presentada en el Environmental Education Workshop, University of Brunei, Darussalam, 1997, pp. 3-4. Una relación espiritual con la tierra http://www.unescoetxea.org/ext/futuros/es/theme_c/mod11/uncom11t03s01.htm (consultado el 28 de abril, 2019).

[2] “Pueblos indígenas de Costa Rica” en Observatorio del desarrollo Universidad de Costa Rica  (ODD),http://pueblosindigenas.odd.ucr.ac.cr/index.php/etnias/etnias-descripcion-general (consultado el 28 de abril, 2019).

[3] Álvaro Bello. Etnicidad y ciudadanía en América Latina. La acción colectiva de los pueblos indígenas. Santiago de Chile: CEPAL, 2004, p. 101.

[4] Cindy Vargas Ortiz, “El asesinato de Sergio Rojas, más allá del tema de tierras” en https://delfino.cr/2019/03/el-asesinato-de-sergio-rojas-mas-alla-del-tema-de-tierras/,  25 DE MARZO, 2019

[5] CEPAL. Los pueblos indígenas en América Latina -Avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos (Original: español). Naciones Unidas: Impreso en Santiago, Chile, noviembre de 2014, p.5.

[6] Vinicio Chacón. “Investigación de UNED sobre tierras indígenas en Salitre: Recuperación de tierras bajó ocupación no indígena en Salitre” en Semanario Universidad (Sesión – País), 10 de marzo, 2019, p.4.

[7] Vinicio Chacón, idem

[8] CEPAL. Los pueblos indígenas en América Latina -Avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos, p.6.

[9] Franz Hinkelammert, desde la teoría de acción racional, nos habla de “lo irracionalizado de la racionalidad, que es a la vez la ineficiencia de la eficiencia, para definir la racionalidad económica de la modernidad”. (El sujeto y la ley – el retorno del sujeto reprimido. Heredia, Costa Rica: EUNA, 2005, p.)

[10] Jacques Derrida. No escribo sin luz artificial. Madrid: Cuatro Ediciones, 1999, p.101

[11] Jon Sobrino. “Vida y muerte en Jesús de Nazaret” en p.247.

[12] En este sentido, el teólogo alemán Hans Joachim Iwand señala, “el escándalo de la cruz lo hemos adornado con rosas. Hemos hecho de ella una teoría de la salvación. Pero eso no es la cruz. Esto no es la dureza que en ella hay, la dureza que en ella ha puesto Dios. […] Frente a la “palabra de la cruz” no contamos más que con la sola fide, como ante ninguna otra realidad del mundo. […] Nuestra fe comienza en esa dureza y poderío que es la noche de la cruz, del abandono, del ataque y de la duda de todo cuanto existe. Nuestra fe tiene que nacer donde todos los hechos la abandonan; tiene que nacer de la nada, tiene que gustar y saborear esa nada” (Moltmann, 2010).

[13] María Cristina Ventura. “Dónde está tu hermano – dónde está tú hermana?:

[14] https://www.telesurtv.net/news/asesinan-lider-indigena-costa-rica-repudio-20200225-0018.html