En los últimos dos años he utilizado este espacio para considerar y reflexionar sobre la guerra en Gaza.[1] A tres semanas de la declaración de un muy frágil cese al fuego entre Israel y Hamas, quisiera continuar reflexionando sobre este escenario de tragedia moral. Con más de 67,000 palestinos asesinados, restos de rehenes israelíes y palestinos enterrados entre los escombros, una Gaza completamente destrozada, y sectores en ambos lados listos a restablecer la violencia como modo de existir, nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Cómo hablamos éticamente de los asesinatos en masa dentro del contexto de un conflicto? ¿Para qué nos sirven las clasificaciones de genocidio, purga de población o purga étnica, y criterios de la guerra justa como la inmunidad de los no combatientes? ¿Será que el fin del primer cuarto del siglo 21 sugiere el fin de la posibilidad de una comunidad internacional capaz de categorizar y diferenciar la violencia legítima de la barbarie[2]?
El uso de la categoría de “genocidio”
En noviembre del 2024, el Papa Francisco reconoció las observaciones que declaraban que las condiciones en Gaza tenían características de un genocidio, y afirmaba que “debería ser investigado con atención para determinar si encuadra en la definición técnica que sostienen juristas y organismos internacionales.”[3]
El 16 de septiembre de este año la Comisión Internacional Independiente de Investigación Sobre los Territorios Palestinos Ocupados[4] publicó un informe para la Asamblea General de la ONU donde establecía que “las fuerzas de seguridad Israelíes han cometido crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en Gaza, incluyendo exterminio, tortura, violación, violencia sexual y otros actos inhumanos, el traslado forzado, persecución basada en género y la privación de alimentos como métodos de guerra.”[5] A la misma vez, la Asociación Internacional de Académicos del Genocidio declaró que la conducta de Israel durante la guerra alcanza la definición legal de genocidio establecida por la convención sobre el genocidio. A estos dos cuerpos internacionales se le suman dos organizaciones israelíes, B’Tselem y Médicos para los Derechos Humanos-Israel. La declaración de estas insiste que “es importante llamar las cosas por su nombre en estos tiempos sombríos.”
Sin embargo, el clima de cómo referirse a la guerra de Israel contra Hamas en Gaza es uno de controversia, sospecha, miedo, y silenciamiento. Las autoridades israelíes reclaman que ningún esfuerzo contra Hamas puede tildarse como genocidio ya que la razón de existir de esta organización es la destrucción total del estado de Israel. John Spencer, especialista en guerra urbana y quien ha estado estudiando de cerca la guerra en Gaza desde el frente militar israelí, insiste que no se le puede llamar genocidio a las acciones de Israel en Gaza. Su razonamiento se basa en que la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio enfatiza que la categoría de genocidio depende de las intenciones de los actores, no del nivel de destrucción. Anteriormente, el historiador Eric Weitz, en su volumen describiendo cuatro genocidios del siglo XX, también insiste en un uso más estrecho de la categoría de genocidio que en muchas ocasiones deja afuera políticas severas y brutales “que no constituyen del todo un genocidio.”[6]
En EEUU, los estudiantes y académicos que intentan hablar públicamente sobre la situación en Gaza, incluyendo el uso de la categoría de genocidio para definir las conducta de Israel, sufren persecución y silenciamiento. En julio el gobierno de los EEUU sancionó a Francesca Albanesa, relatora de Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, por su colaboración con los esfuerzos para procesar a ciudadanos estadounidenses o israelíes en la Corte Criminal Internacional.
Curiosamente, el Proyecto de Alerta Avanzada, una colaboración entre Dartmouth College y el Museo Memorial del Holocausto en los EEUU, no diferencian entre la categoría de genocidio y las atrocidades en masa. Sus esfuerzos se enfocan en identificar la potencialidad de que un escenario de conflicto se convierta en una situación de genocidio y matanzas en masa basado en el estudio de las dinámicas y categorías reflejadas en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial y otros eventos del siglo XX. Sin embargo, entre los países que propone como en alto riesgo en estos momentos, como por ejemplo la República Democrática del Congo, Sudan, y Berma, no se le incluye a Israel/Palestina.
Queda claro que existen dinámicas políticas preocupantes para poder hablar éticamente sobre las matanzas en masa, la purga étnica, y el genocidio en este periodo del siglo XXI. La tendencia a categorizar como antisemitismo al uso de la categoría de genocidio contra Israel es suficiente para enfriar el diálogo ético global. Aún las declaraciones de los cuerpos internacionales responsabilizados de hacer estas observaciones son víctima de estas dinámicas, encabezadas por los EEUU, y que ejercen un efecto global.
La necesidad inevitable de los principios de la guerra justa
No es el momento para dejar a un lado la tradición de la guerra justa como obsoleta o irrelevante. El Papa Francisco, como muchos de sus predecesores, insiste en la noción de que “Toda guerra deja al mundo peor de como lo había encontrado… La guerra es un fracaso de la política y la humanidad.”[7] Sin embargo, insiste que “La Santa Sede jamás ha dejado, en esa línea, de fomentar una humanización de los efectos de los conflictos armados. Se ha abogado de forma irrestricta por la protección de la población civil y de los bienes indispensables para su supervivencia”.[8]
Tobias Winright propone dos conceptos medievales que a su manera forman parte de los criterios de la tradición y que podrían facilitar los temas más espinosos hoy día. La Paz de Dios determinaba que existe un grupo de ciudadanos a los que no se les puede agredir en la guerra, como los curas, monjas, peregrinos, y mujeres. Los hospitales, los cementerios y los claustros también quedaban protegidos. La Tregua de Dios declaraba que durante los domingos y días de fiesta sagrados cesarían las agresiones. Ambos conceptos se incorporan al principio de la inmunidad del no-combatiente en la ética de la guerra justa. Winright propone que antes de darnos por vencido sobre el uso y beneficio de estas categorías, debemos estudiarlas más, aplicarlas al momento en el que nos encontramos, e insistir, con el Papa Francisco, que la protección de los civiles y las dimensiones sociales y culturales necesarias para el bien común, como los hospitales, las escuelas, y las vías de transporte de alimentos y ayuda humanitaria, son una prioridad y un derecho inviolable de todo ser humano.[9]
En estos momentos, cuando aún continúan los ataques entre Israel y Hamas, es cuando más debemos resaltar los principios de jus post bellum, principios para la justicia después de la guerra, establecidos para garantizar que los tratados de cese al fuego y las condiciones de la paz funcionen para la reconciliación, la reconstrucción, la restauración de servicios a los ciudadanos como hospitales y escuelas, la restauración del medio ambiente, y la protección de los derechos humanos de todos. Posiblemente no estemos en un momento de “paz”. Pero las herramientas de la tradición de la guerra justa continúan ofreciéndonos la arquitectura para una humanización que tanto necesitamos.
Solidaridad y humanidad para las víctimas de las barbaries que se acechan
En su contribución al foro de septiembre, Suzanne Mulligan insiste que la hambruna y carestía que presenciamos en Gaza es producida artificialmente como instrumento de guerra. Mulligan describe detalladamente las barbaries que hasta hace poco ocurrían a diario en Gaza. Su reflexión exige un liderazgo firme de parte de la iglesia que hable fuerte y consistentemente sobre los afrontes a la dignidad humana y los deberes de la comunidad internacional. Así como lo hizo Francisco, el Papa León XIV exigió en mayo un cese al fuego, la entrega de rehenes, y el respeto absoluto a la ley humanitaria. La protección e inmunidad de los no-combatientes como parte de la tradición de la guerra justa, así como los principios de la justicia después de la guerra son elementos esenciales del respeto a la dignidad humana en un mundo en crisis. Estos principios equipan a la comunidad internacional a “llamar las cosas por su nombre en estos tiempos sombríos.”
Trágicamente, reconozco que acechan barbaries como sugiere el Proyecto de Alerta Avanzada en lugares como Sudán, Pakistán, y el Congo. En estos momentos, se continúa la construcción de centros de detención de migrantes en los EEUU, quien refuerza cada día un ejército especializado dedicado a la captura y detención de migrantes. También en estos momentos se dirigen al Mar Caribe uno de los portaviones más grandes de la flota de los EEUU y miles de soldados para una posible ofensiva en contra de Venezuela. Es urgente que utilicemos lenguaje claro y reconocido internacionalmente para resaltar la dignidad humana y proteger a las poblaciones más vulnerables. Es urgente que hablemos con claridad sobre la necesidad de una solidaridad para con las víctimas de las barbaries que acechan. Es urgente que el papa y los obispos, los grupos de académicos, especialistas, movimientos populares y los sindicatos alcemos la voz por la dignidad humana y el bien común, y nos apoyemos mutuamente en especial cuando le es conveniente a las partes más poderosas ignorarnos y silenciarnos.
Los principios de la guerra justa y la clasificación de genocidio no son perfectos. Sin embargo, son herramientas del diálogo internacional que permiten que centremos la dignidad humana con univocidad. En nombre de la solidaridad y de la paz, en nombre de los niños de Palestina e Israel, de Venezuela, de las fronteras, y de todo el mundo, hagamos compromiso a este diálogo imperfecto pero dedicado a la humanidad.
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[1] MT Dávila, “Un llamado desde el auto-silencio: trabajemos la ética de la guerra y de la paz aunque nos disturbe” (1 de noviembre, 2024), https://catholicethics.com/forum/un-llamado-desde-el-autosilencio-trabajemos-la-etica-de-la-guerra-y-la-paz-aunque-nos-perturbe/; “Carta de amor a las amistades imposibles” (1 de noviembre, 2023), https://catholicethics.com/forum/carta-de-amor-a-las-amistades-imposibles/.
[2] Aquí me refiero a la barbarie moral que representan las guerras sin mesura o conciencia. Véase José Antonio Pérez Tapias, “Humanidad y Barbarie: De la ‘Barbarie Cultural’ a la ‘Barbarie Moral’,” Gazeta de Antropología 10(1993), https://www.ugr.es/~pwlac/G10_04JoseAntonio_Perez_Tapias.html.
[3] Francisco, La Esperanza No Defrauda Nunca (Ediciones Mensajero, 2024), 95.
[4] Establecida en el 2021 por el Consejo de Derechos Humanos.
[5] Comisión Internacional Independiente de Investigación Sobre los Territorios Palestinos Ocupados, “Legal Analysis of the Conduct of Israel in Gaza Persuant to the Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide,” Consejo de los Derechos Humanos (16 de septiembre, 2025), https://www.ohchr.org/en/press-releases/2025/09/israel-has-committed-genocide-gaza-strip-un-commission-finds.
[6] Eric Weitz, A Century of Genocide: Utopias of Race and Nation (Princeton University Press, 2015), 14.
[7] Francisco, La Esperanza No Defrauda Nunca, 112.
[8] Francisco, La Esperanza No Defrauda Nunca, 113.
[9] “Las violaciones graves del derecho internacional humanitario son crímenes de guerra. No podemos permitir que se determine daño colateral el asesinato de un civil indefenso, herirlo hasta provocarle graves amputaciones, o provocar la destrucción de su ambiente natural.” Francisco, La Esperanza No Defrauda Nunca, 115.